Multiplicar la lucha de clases desde abajo

el

Por Óscar Lomba Álvarez *

La situación no está nada clara. Es mejor no soñar con quimeras y por ello debemos estar despiertos y ser conscientes de que hay fascinaciones engañosas, espejismos proyectados mediáticamente y utilizados de manera torticera por algunos dirigentes políticos para su propio beneficio personal.

El tiempo pasa deprisa, demasiado deprisa y por eso el presente no existe. Estamos inmersos en una vorágine que nos fuerza al conformismo, que nos obliga a defender pequeñas conquistas que no colman las grandes aspiraciones que siempre hemos defendido desde la izquierda consecuente. Y ese conformismo, esa miserable resignación, ese allanarse a las minucias sólo puede combatirse con el anticonformismo militante, con una visión realista y poliédrica del mundo, pero sin renunciar a la utopía. En todo caso no podemos conformarnos y amoldarnos a minúsculos avances, a leyes progresistas que en futuras legislaturas son desmontadas y ese aparente paso adelante de hoy, podría convertirse mañana en cinco pasos atrás. Ese conformismo es responsable de muchos de los males y problemas de nuestro país.

Y no me refiero simplemente a la necesidad de aguantar los embates de la ultraderecha y la derecha extrema, la premura por ser capaces de atravesar campos minados, terrenos pantanosos y caminos sinuosos y alambicados, pero igualmente distantes de la radical transformación de la sociedad a la que algunos aspiramos. No se trata de apoyar a partidos utópicos o movimientos revolucionarios que defienden planteamientos que nadie entiende o imposibles de materializar en el mundo real, de lo que se trata es de no ceñirse a objetivos estrechos y de corto recorrido. El cortoplacismo táctico y el oportunismo estratégico no deben gobernar los movimientos de la aguja de la brújula que guie el trayecto que debemos seguir.

El gobierno de coalición que sostiene a Pedro Sánchez ha conseguido algunos avances innegables, pero también ha cometido muchos errores y ha tenido actuaciones erráticas tanto en política económica como en política exterior. La amalgama de partidos políticos y organizaciones nacionalistas que hicieron posible el gobierno de coalición tienen muchísimas diferencias políticas e ideológicas y también intereses dispares, pero hay algo que les une de manera forzosa, y ello es hacer todo lo posible para evitar que gobiernen PP y Vox.

PSOE, Unidas Podemos, nacionalistas catalanes, vascos y gallegos y otros organizaciones han conformado una alianza simbiótica que ha hecho posible la aprobación de determinadas leyes progresistas que de otra manera no hubiesen salido adelante, sin embargo, veo casi imposible que esa alianza que facilitó la investidura de Pedro Sánchez y que sostuvo el gobierno de coalición pueda generar una alternativa electoral unitaria o un frente amplio… y en todo caso Sumar no parece el único camino o el más acertado para alcanzar un acuerdo entre fuerzas políticas tan dispares.

Sumar es una apuesta personalísima de Yolanda Díaz que pretende ocupar un espacio de centro progresista, mucho más parecido al PSOE que a Podemos. Su hoja de ruta y su línea político-ideológica me recuerda a la del Partido Democrático de la Izquierda en la Italia de Achille Occhetto que condujo al histórico PCI a un fracaso clamoroso. Toda la línea de “compatibilidades” llevadas adelante desde 1976 hasta hoy produjo un revés detrás del otro del que pagaron el precio más alto las posiciones más radicales. El destrozo político llevó a la desconexión de cualquier base social rupturista. El enraizamiento en lugares significativos de pertenencia de clase se convirtió en un recuerdo, en un pensamiento nostálgico, y ese camino hacia la socialdemocracia y el centro político empujó a los sectores más consecuentes a impulsar Rifondazione Comunista, sin embargo el resultado final de estos vaivenes no supuso un avance de la clase trabajadora italiana ni una mejora en las condiciones de vida de la mayoría social.

Creo que es necesario construir un frente amplio, pero las candidaturas y el liderazgo del proceso no pueden ser cocinados por acuerdos cupulares de las direcciones de una constelación de partidos. Todo el proceso de construcción de una verdadera alternativa popular requiere una mezcla de humildad y ambición, una “lenta impaciencia”. De hecho, hace falta comenzar desde los cimientos, desde las propias bases y reconstruir el proceso de alfabetización política, construir identidades fundadas sobre la etimología de la transformación. Definiría este ajuste como una reformulación, una superación de lo viejo, rancio e inservible, pero una recuperación, al mismo tiempo, de las mejores tradiciones y experiencias del movimiento obrero cuando se pretendía la construcción de “instituciones” propias y autónomas. Opino que estamos llamados a afrontar una dura fase de reconstrucción de la izquierda y del pensamiento transformador.

La aparición de experiencias municipalistas impulsadas por los propios vecinos al margen de los partidos tradicionales es un ejemplo del camino a seguir, aunque parcialmente, porque esa voluntad de superación de viejos dogmatismos y sectarismos no puede quedarse solamente en experimentos de plataformas ciudadanas y candidaturas municipalitas. Es necesaria una reapropiación de espacios no solo para superar la crisis de identidad de la izquierda o reafirmar la primacía de las relaciones sociales sobre la privatización, sino también para replantear el tema de la ayuda mutua, de la autogestión, de una perspectiva política y económica “fuera del mercado”, capaz de contraponerse al capitalismo moderno. Es necesario construir nuevas subjetividades a la altura de los tiempos futuros. La aparición de Podemos y las nuevas subjetividades no se dieron en términos nostálgicos y de consolación, o simplemente confirmando las certezas del pasado, sino solo operando con la realidad actual e insertándose en el tiempo presente. La futura izquierda que vendrá, sólo podrá surgir o brotar de una lenta y significativa acumulación de experiencias como estas o semejantes.

Es necesario frenar a la ultraderecha y reagrupar a la izquierda social y política que continúa muy fragmentada. Sin embargo, hay que ser muy cuidadosos con la forma de articular cualquier alternativa política que pretende disputar el poder a organizaciones de derecha perfectamente estructuradas y con sólidos apoyos económicos y mediáticos. Y desde luego que la construcción de cualquier frente amplio o candidatura de unidad popular no puede fabricarse al margen de la gente, no puede edificarse sobre pies de barro. Para erigir un verdadero frente amplio es preciso levantarlo con la participación de amplios sectores sociales, con la intervención de hombres y mujeres trabajadoras, con la participación de activistas, de militantes de los partidos y también de sindicatos, ecologistas, feministas,…, pero además debemos aprender de los errores del pasado.

Aún tengo presente el espíritu inicial del Novo Proxecto Común (NPC) liderado en Galicia por Xosé Manuel Beiras y el nacimiento prematuro de Anova tras aquella convulsa Asamblea Nacional Constituyente en Compostela. Luego el nacimiento acelerado de AGE (Alternativa Galega de Esquerda) que aspiraba a ser la Syriza gallega. Es probable que se produjera un efecto distorsionador por la prematura, pero forzada por la convocatoria electoral, puesta en práctica de lo que acabó por ser AGE pocos días después de nacer Anova. El éxito de AGE se convirtió en un problema para Anova. Ahora bien, las dinámicas internas subsiguientes no pueden explicarse solo en esa clave, sino en la incapacidad colectiva para desactivar los focos de tensión/confrontación que se retroalimentaron recíprocamente, la militancia de las organizaciones impulsoras no fue capaz de invertir toda su energía en la puesta en práctica de la filosofía y la metodología genuina fundacional de Anova, y fueron incapaces de poner la organización a trabajar como una herramienta en el seno de la sociedad civil.

Sin embargo sospecho que SUMAR no va a suponer un avance si no se articula un procedimiento de decisión colectiva que favorezca la celebración de primarias abiertas a la ciudadanía. La existencia de diferentes sensibilidades en la izquierda, no debe conllevar siempre a la ‘tribalización’. Es sana la discrepancia y el debate de ideas, es positiva la confrontación de distintas visiones del mundo, pero debemos evitar la fragmentación y la aparición de un mosaico de sectas, porque ese ha sido históricamente el mayor problema de la izquierda, que en vez de trabajar para los ciudadanos aplastados y machacados, se ha dedicado a malgastar esfuerzos en guerras orgánicas interminables.

Estoy convencido de que el esquema tradicional según lo cual antes es la reconstrucción de un nodo político-ideológico y después este se cimienta con las luchas populares no nos hace dar grandes pasos hacia adelante. Lo que nos interesa en cambio es abrir nuevos espacios a las diversas formas de politización, hoy necesariamente híbridas, a veces ambiguas o con recorridos aparentemente contradictorios.

Por eso entiendo que deberíamos tomar otro camino. Sumar puede ser el inicio de un experimento de acción colectiva, pero es posible que la premura y la prisa no nos ayuden a hacer bien las cosas.

Queremos de todas formas organizar la resistencia y detener el avance de la ultraderecha y la derecha extrema, sin embargo para alcanzar ese objetivo no nos sirve un abstracto frente de partidos, con frecuencia demasiado limitado a las burocracias dirigentes, sino una práctica política ampliada, coaliciones múltiples, foros sociales y temáticos, asambleas ciudadanas y vecinales, la acción en red, las primarias abiertas a la ciudadanía, los mecanismo de decisión colectiva y los movimientos de masas radicalmente democráticos siguen siendo valiosos activos siempre que se crucen en contenidos y programas compartidos. Hoy sin ninguna duda hace falta una gran movilización colectiva contra la ola reaccionaria que pretende recortar derechos y avances sociales. Sumar no es suficiente, es necesario multiplicar la lucha de clases desde abajo.

(Este texto pretende responder al artículo de Santiago Alba Rico titulado: Sumar, el único camino, publicado en Público el pasado 27 de marzo de 2023)

* Óscar Lomba Álvarez es licenciado en derecho y diplomado en magisterio. Miembro de la Comisión de Garantías Democráticas de Podemos Galicia.

Deja un comentario