¡Terminemos con la politiquería!

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El 20 de febrero de 2024, Koldo García Izaguirre, un ex-asistente personal y chófer de Ábalos, junto con su mujer, fueron detenidos por agentes de la Guardia Civil acusados de presunto cobro de comisiones ilegales en la compra de mascarillas. Tras recibir numerosas llamadas para que dimitiera de su cargo, el 26 de febrero Ábalos renunció a su presidencia en la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados, aunque se negó a renunciar como diputado y se integró en el Grupo Mixto para «defender su honor». El 27 de febrero de 2024, el PSOE suspendió a José Luis Ábalos como militante del partido, debido a su negativa a entregar el acta de diputado y unirse al Grupo Mixto, a través de una resolución firmada por Santos Cerdán.

La corrupción política, el mal uso del poder público para obtener ventajas ilegítimas y el uso oportunista de la información privilegiada para beneficiar a una minoría son prácticas que socavan la confianza en las instituciones. La malversación de caudales públicos, el tráfico de influencias, la prevaricación y otros actos ilícitos minan la estabilidad democrática y el bienestar de la sociedad. Es fundamental que la sociedad española aborde de manera decidida este desafío.

La corrupción socava los cimientos de la sociedad y afecta de manera desproporcionada a los más vulnerables. Por tanto, es imperativo que se implementen medidas concretas y efectivas para combatir este flagelo. La denuncia pública de los actos de corrupción, la exigencia de responsabilidades y la promoción de una cultura de integridad y ética en todos los niveles de la administración son pasos cruciales en este sentido. Además, la promoción de la participación ciudadana activa en la vigilancia y control de las instituciones públicas es esencial para garantizar la rendición de cuentas y la transparencia en la gestión de los asuntos públicos.

Se ha observado que en numerosas ocasiones, el enfoque se centra en señalar y condenar a aquellos que han incurrido en actos de corrupción, ya sea en el ámbito público o privado. Sin embargo, es importante destacar que detrás de cada caso de corrupción hay individuos o entidades que han facilitado o fomentado dichas prácticas deshonestas. En ocasiones, estos «corruptores» operan desde las sombras, permaneciendo ocultos a la atención pública y evitando así la rendición de cuentas por sus acciones. Este desequilibrio de atención y consecuencias entre los corruptos y los corruptores plantea importantes desafíos en la lucha contra la corrupción, ya que no basta con simplemente identificar a los responsables directos, sino que también es fundamental cuestionar y desmantelar las estructuras y sistemas que les permiten operar en la impunidad.

La historia ha demostrado que la lucha contra la corrupción es un proceso constante que requiere la colaboración de todos los sectores de la sociedad. El compromiso de líderes políticos, funcionarios públicos, empresarios y ciudadanos individuales es necesario para construir un entorno en el que la corrupción no tenga cabida. Asimismo, es crucial que exista un marco legal sólido que sancione de manera efectiva cualquier forma de corrupción, asegurando que los responsables rindan cuentas por sus acciones.

La erradicación de la corrupción y la promoción de la integridad en la gestión pública son fundamentales para el desarrollo sostenible, la equidad social y el fortalecimiento de las instituciones democráticas. Este desafío requiere un compromiso firme y un enfoque integral que abarque aspectos legislativos, culturales y sociales. La autoorganización y la preparación para una fase ofensiva que combine la lucha en la calle con el combate en las instituciones son pasos cruciales para impulsar un cambio positivo. La participación activa de militantes y activistas sociales en todos los foros y organismos es esencial para defender los intereses de la mayoría social y promover la recuperación y ampliación de los derechos y libertades perdidos. El paralelismo con la ‘Tangentopoli’ en la política italiana es preocupante, y evidencia la necesidad de abordar la corrupción de manera integral y efectiva. El compromiso con la transparencia, la rendición de cuentas y la defensa de los principios democráticos es fundamental para restaurar la confianza en el sistema político. Solo a través de un esfuerzo coordinado y sostenido, tanto en las calles como en las instituciones, se podrá avanzar hacia un futuro en el que la corrupción sea erradicada y los derechos y libertades de la sociedad sean protegidos y fortalecidos.

Muchos individuos deshonestos tienden a participar en el politiqueo o en la politiquería, una práctica generalizada en muchos entornos políticos, que pone de manifiesto un enfoque en obtener poder y mantener posiciones a cualquier costo, en lugar de priorizar el bienestar y los intereses genuinos de la sociedad. Este comportamiento a menudo implica tácticas cuestionables como la manipulación de la información, promesas vacías, clientelismo y corrupción. La politiquería tiene el efecto perjudicial de desviar la atención de asuntos importantes, obstaculizar el progreso y erosionar la confianza en las instituciones políticas. La vigilancia contra el politiqueo es crucial, y es importante fomentar una cultura de transparencia, responsabilidad y compromiso genuino con el servicio público. Se necesita un cambio real y significativo para poner fin a prácticas corruptas y juegos de poder que infligen tanto daño en nuestro país. Ha llegado el momento de elevar el nivel de nuestro discurso público y exigir transparencia y honestidad de nuestros líderes. Juntos, podemos construir un futuro donde prevalezcan la justicia y la igualdad, pero lograr este objetivo requiere poner fin a la politiquería de una vez por todas.

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