
En su artículo, publicado en el El País Semanal del 26 de mayo de 2024, «Las preguntas del pacifismo«, Javier Cercas expone una serie de dilemas históricos para justificar la necesidad de la guerra en ciertas circunstancias. Sin embargo, un análisis detallado y crítico de su posición revela que las alternativas pacíficas no solo son posibles, sino que son éticamente superiores y a menudo más efectivas. Desmontemos la argumentación de Cercas punto por punto, fundamentando la respuesta en una sólida base filosófica y ética.
1. La Guerra Civil Española: ¿Resistir o Claudicar?
Cercas plantea que la Guerra Civil Española no fue una simple agresión de un grupo de militares felones, sino una respuesta armada del gobierno de la Segunda República a un golpe de estado. Según Cercas, la única opción viable para el gobierno republicano era resistir con las armas. No obstante, esta visión simplifica un conflicto extremadamente complejo y omite las posibles alternativas pacíficas que podrían haber sido exploradas.
El filósofo de la no violencia, Gene Sharp, argumenta que la resistencia no violenta puede ser tan efectiva, o más, que la lucha armada. En su obra «The Politics of Nonviolent Action», Sharp detalla cómo los movimientos de resistencia civil pueden socavar regímenes autoritarios sin recurrir a la violencia. Si bien es imposible reescribir la historia, es plausible que una resistencia organizada y no violenta hubiera podido movilizar a una mayor parte de la población y generar una presión internacional más significativa, reduciendo el derramamiento de sangre y las atrocidades que caracterizaron la guerra civil.
2. La Segunda Guerra Mundial: La Lucha contra Hitler
Cercas utiliza la Segunda Guerra Mundial como un ejemplo de la necesidad de la guerra, sugiriendo que la resistencia armada contra Hitler era inevitable y moralmente justificada. Sin embargo, incluso en este contexto, es crucial considerar las alternativas y las consecuencias de las decisiones tomadas.
Bertrand Russell, un pacifista convencido que inicialmente se opuso a la Primera Guerra Mundial, reconoció la amenaza única que representaba Hitler y la necesidad de resistirlo. Sin embargo, esta concesión no debe ser vista como un respaldo incondicional a la guerra. Russell y otros intelectuales pacifistas de la época abogaban por una mayor preparación diplomática y económica para enfrentar el fascismo mucho antes de que alcanzara el poder absoluto. Si las democracias occidentales hubieran adoptado políticas de contención y aislamiento económico más agresivas contra el régimen nazi desde su ascenso al poder, es posible que la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial pudiera haberse evitado o mitigado.
3. La Invasión de Ucrania: La Resistencia frente a la Agresión
Cercas compara la invasión rusa de Ucrania en 2022 con los conflictos históricos anteriores, sugiriendo que la resistencia armada es la única opción viable para los ucranianos. Este argumento ignora el potencial de la resistencia no violenta y el papel crucial de la diplomacia internacional.
La filósofa y activista de la paz, Hannah Arendt, en su análisis del totalitarismo, enfatizó la importancia de las estructuras democráticas y la resistencia civil. La resistencia no violenta en Ucrania, combinada con una presión diplomática y sanciones económicas efectivas por parte de la comunidad internacional, podría haber sido una alternativa viable. Arendt argumentaba que la fuerza de un estado no reside únicamente en su capacidad militar, sino en la legitimidad y el apoyo de su pueblo. Una resistencia no violenta masiva podría haber debilitado la ocupación rusa al hacerla insostenible a largo plazo sin el mismo nivel de derramamiento de sangre.
4. La Diplomacia y la Negociación como Alternativas
Cercas parece descartar la diplomacia y la negociación como herramientas efectivas para prevenir o resolver conflictos. Sin embargo, la historia y la teoría de las relaciones internacionales ofrecen numerosos ejemplos de cómo la diplomacia ha evitado guerras y ha resuelto disputas complejas.
El Tratado de Westfalia en 1648, que puso fin a la Guerra de los Treinta Años, es un ejemplo temprano de cómo la diplomacia puede resolver conflictos aparentemente intratables. Más recientemente, el acuerdo nuclear con Irán en 2015 demostró cómo la negociación y la diplomacia pueden abordar problemas de seguridad internacional sin recurrir a la guerra. La capacidad de resolver disputas a través del diálogo y la negociación es una piedra angular de la paz positiva, un concepto desarrollado por Johan Galtung que se centra en la creación de estructuras sociales justas y equitativas que prevengan la violencia.
5. La Ética del Pacifismo y la Inviolabilidad de la Vida Humana
La ética pacifista se basa en la inviolabilidad de la vida humana y el rechazo absoluto de la violencia como medio para resolver conflictos. El filósofo Immanuel Kant, en su obra «Hacia la paz perpetua«, argumenta que la paz es un deber moral y que la guerra es incompatible con la moralidad universal. Kant proponía un orden internacional basado en la cooperación y la legalidad, donde los estados se comprometieran a resolver sus diferencias sin recurrir a la violencia.
El escritor ruso León Tolstói, un firme pacifista, criticó duramente la guerra en su novela «Guerra y paz» y en numerosos ensayos. Tolstói creía que la violencia perpetúa un ciclo interminable de odio y sufrimiento. Su obra y su vida nos recuerdan que la verdadera paz se alcanza a través del amor, la comprensión y la resistencia pacífica.
6. La No Violencia Activa como Herramienta de Cambio Social
La historia ha demostrado que la no violencia activa puede ser una herramienta extremadamente efectiva para lograr el cambio social. Mahatma Gandhi lideró el movimiento de independencia de la India a través de la no violencia, enfrentándose a uno de los imperios más poderosos del mundo sin recurrir a las armas. Martin Luther King Jr., inspirado por Gandhi, utilizó la no violencia para combatir la segregación racial en Estados Unidos, logrando avances significativos en los derechos civiles.
Gene Sharp, en su obra «The Politics of Nonviolent Action», documenta numerosos ejemplos de cómo la resistencia no violenta ha derrocado regímenes autoritarios y ha logrado cambios significativos sin el uso de la violencia. La no violencia activa no es una postura pasiva; requiere coraje, disciplina y una estrategia bien pensada para desmantelar las estructuras de poder opresivas.
7. La Desmilitarización y el Control de Armas
Cercas no aborda el tema de la desmilitarización y el control de armas, una omisión significativa en el contexto de cualquier discusión sobre la guerra y la paz. La industria armamentista, con sus enormes beneficios económicos, perpetúa la lógica de la guerra y la violencia. La promoción de la desmilitarización y el control de armas es esencial para prevenir la guerra.
Campañas por el desarme nuclear y la regulación del comercio de armas buscan reducir la capacidad de los estados y grupos para iniciar conflictos armados. La inversión en la paz requiere desviar recursos de la industria militar a áreas que promuevan el desarrollo humano y la justicia social. Esto no solo reduce la probabilidad de conflictos armados, sino que también promueve una distribución más equitativa de los recursos, abordando algunas de las causas subyacentes de los conflictos.
8. La Educación para la Paz
Una de las formas más efectivas de prevenir la guerra es a través de la educación para la paz. Enseñar a las futuras generaciones a resolver conflictos de manera pacífica, a valorar la cooperación y la empatía, puede transformar las sociedades. Paulo Freire, en su obra «Pedagogía del oprimido», enfatiza la importancia de una educación que promueva el diálogo y la colaboración, ayudando a las personas a liberarse de la opresión sin recurrir a la violencia.
Programas educativos que promuevan la resolución pacífica de conflictos, el entendimiento intercultural y los derechos humanos son esenciales para crear una paz duradera. La educación para la paz debe ser una prioridad en las políticas educativas de todos los países, cultivando una cultura de paz que pueda resistir la tentación de recurrir a la violencia.
9. Acciones Preventivas y Proactivas
Los pacifistas no somos ingenuos respecto a las amenazas que enfrentan las sociedades. Abogamos por intervenciones preventivas y proactivas que puedan abordar las causas profundas de los conflictos antes de que estallen en violencia. Esto incluye el fortalecimiento de las instituciones democráticas, la protección de los derechos humanos y el desarrollo económico sostenible.
La filósofa y activista estadounidense Jane Addams, fundadora del movimiento de asentamientos y Premio Nobel de la Paz en 1931, trabajó incansablemente por la justicia social y la paz. Addams creía que la paz no solo era la ausencia de guerra, sino la presencia de justicia y oportunidades para todos. Su trabajo en Hull House en Chicago es un ejemplo de cómo las acciones preventivas y proactivas pueden mejorar las condiciones de vida y reducir la probabilidad de conflictos.
Conclusión
La postura militarista de Javier Cercas, aunque aparentemente no mal intencionada, simplifica la complejidad de los conflictos humanos y subestima el poder de las alternativas pacíficas. La paz se defiende mejor desde la paz mediante la construcción de estructuras justas, la educación, la diplomacia y la no violencia activa. Estos enfoques ofrecen soluciones sostenibles que preservan la vida y la dignidad humana, evitando los horrores de la guerra. La historia y la filosofía nos enseñan que es posible y necesario buscar caminos que eviten la violencia y promuevan una convivencia pacífica y justa. Como dijo Albert Einstein, “La paz no puede mantenerse por la fuerza; solo puede lograrse mediante la comprensión”. Esta comprensión debe ser el fundamento de nuestras acciones y políticas, asegurando un futuro donde la paz sea la norma y no la excepción.
