Felipe González: De la Traición Ideológica al Coqueteo con el Fascismo

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Es un hecho innegable que la política es un campo en constante evolución. Sin embargo, hay principios fundamentales que deberían permanecer inalterables, especialmente cuando se trata de defender la democracia y los valores de la izquierda. Felipe González, ex-presidente del Gobierno español y figura histórica del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), ha decidido traicionar esos principios de manera flagrante con sus recientes declaraciones. Elogiar a Giorgia Meloni, la líder de la ultraderecha italiana, y considerar que Santiago Abascal podría «arreglar el problema» con Marine Le Pen en Francia es un acto de irresponsabilidad política y una grave traición a los valores que dice defender.

Para entender la magnitud de esta traición, es fundamental recordar quién es Giorgia Meloni y qué representa su partido, Hermanos de Italia. Meloni no es simplemente una líder conservadora; es la heredera política del neofascismo italiano, un movimiento que se nutre de la ideología de Benito Mussolini, un dictador que llevó a Italia a la ruina y colaboró con los nazis en la persecución y exterminio de millones de personas. Al afirmar que Meloni «ha aportado estabilidad» y ha «matizado» sus posiciones, González no solo blanquea su ideología extremista y neofascista, sino que también minimiza los peligros que representa el resurgimiento de la ultraderecha en Europa.

La crítica a Felipe González no se detiene en Meloni. Al mencionar que Santiago Abascal, líder de VOX, podría resolver el «problema» con Marine Le Pen, González comete un error aún más grave. VOX es un partido que aboga abiertamente por políticas xenófobas, antifeministas, chauvinistas y ultranacionalistas, una formación que amenaza con socavar los derechos humanos y las libertades fundamentales en España. La mera sugerencia de que Abascal podría ser una solución a cualquier problema refleja una preocupante falta de juicio y un desprecio absoluto por los principios democráticos.

Históricamente, Felipe González ha sido una figura muy destacada dentro del PSOE. Su liderazgo durante la transición española y sus primeros años como presidente siempre generaron un importante apoyo en el interior del PSOE. Sin embargo, su giro hacia la derecha en los últimos años ha dejado perplejos a muchos de sus antiguos seguidores. Criticar a Pedro Sánchez, el actual líder socialista, en medio de negociaciones cruciales para la formación de gobierno no es solo una muestra de deslealtad, sino una maniobra que favorece directamente a la derecha y la ultraderecha.

La justificación teórica para esta crítica se encuentra en la propia definición de lo que significa ser socialista. El socialismo, en su esencia, es una ideología que lucha por la igualdad, la justicia social y los derechos humanos. Apoyar o elogiar a figuras de la ultraderecha, que trabajan activamente para desmantelar estos principios, es una contradicción insalvable. La teoría política nos enseña que los líderes deben ser juzgados por su coherencia ideológica y por su capacidad para defender los valores que representan. En este sentido, Felipe González ha fallado de manera rotunda.

Además, la historia nos advierte sobre los peligros de coquetear con el fascismo. Durante el ascenso de Hitler y Mussolini, muchas figuras políticas subestimaron la amenaza que representaban y optaron por compromisos y elogios moderados. El resultado fue catastrófico. Repetir estos errores en el siglo XXI, especialmente en un contexto donde la ultraderecha está ganando terreno en Europa, es una irresponsabilidad que no podemos permitir.

Felipe González ha cruzado una línea que un verdadero socialista nunca debería cruzar. Sus elogios a Giorgia Meloni y Santiago Abascal son una traición a los principios democráticos y a los valores de la izquierda. Es imperativo que las bases del PSOE y la sociedad en general condenen estas declaraciones y se mantengan firmes en la defensa de una Europa democrática, justa y libre de la sombra del fascismo. González ha elegido su bando, y claramente, no es el de la justicia y la igualdad.

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