La encrucijada de la izquierda: la necesidad imperiosa del Frente Único.

(Análisis crítico del articulo de opinión de titulado: “Francia: entre el miedo, la rabia y la esperanza”, firmado por Carmen Parejo Rendón y publicado en RT [“Russia Today” en Español]).
El reciente triunfo del Nuevo Frente Popular en las elecciones legislativas francesas ha sido un hito histórico, no solo por su victoria sobre el neoliberalismo de Macron, sino también por la clara resistencia al avance de la extrema derecha representada por Agrupación Nacional. Sin embargo, tras los momentos iniciales de euforia y celebraciones en la Plaza Stalingrado de París, es necesario analizar en profundidad las implicaciones de este escenario político y las limitaciones inherentes a la estrategia del Frente Popular.
El artículo firmado por Carmen Parejo Rendón bajo el título “Francia: entre el miedo, la rabia y la esperanza” publicado en RT (“Russia Today”) presenta una visión clara de las complejidades que enfrenta el Nuevo Frente Popular en un sistema político presidencialista como el francés. La narrativa expone cómo el presidente ostenta un poder significativo, incluyendo la política exterior, europea y de defensa, y la propuesta del primer ministro para conformar un gobierno. En este contexto, la situación de cohabitación, donde el presidente y la mayoría parlamentaria no pertenecen a la misma formación política, presenta un desafío único. A pesar del éxito de la alianza liderada por Jean-Luc Mélenchon, el artículo de Parejo subraya la falta de una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, lo que complica la implementación de su agenda.
Es evidente que la victoria del Nuevo Frente Popular ha desatado esperanzas de cambio entre la ciudadanía francesa, cansada tanto de la amenaza de la extrema derecha como de las consecuencias de las políticas neoliberales. No obstante, el mencionado artículo también señala las contradicciones internas dentro de esta coalición, particularmente la presencia del Partido Socialista, que ha sido partícipe de las mismas políticas neoliberales que se pretende combatir. Esta inclusión refleja una tensión latente que podría debilitar la cohesión y efectividad de la alianza.
En este punto, se hace necesario reflexionar sobre la diferencia entre la estrategia del Frente Popular y la del Frente Único, defendida por diversos pensadores de izquierda. La estrategia del Frente Único no busca simplemente una alianza electoral entre distintas fuerzas de izquierda, sino una unidad de acción que trascienda las coyunturas electorales y se sustente en una base de principios y objetivos compartidos.
Antonio Gramsci, en sus escritos sobre la hegemonía cultural, destacó la importancia de la unidad de las clases subalternas para contrarrestar la hegemonía de la clase dominante. Gramsci entendía que sin una sólida unidad de acción, cualquier victoria sería efímera y vulnerable a las divisiones internas. Este pensamiento es particularmente relevante en el caso del Nuevo Frente Popular, donde las tensiones entre las diversas fuerzas pueden erosionar la cohesión necesaria para un cambio sostenido.
Leon Trotsky, por su parte, en sus escritos sobre el Frente Único, argumentaba que la unidad de las fuerzas revolucionarias era esencial para enfrentar tanto a la burguesía como al fascismo. Trotsky subrayaba que esta unidad debía basarse en la acción concreta y no solo en acuerdos electorales. Esta perspectiva pone en relieve una de las principales debilidades de la estrategia del Frente Popular: la posibilidad de que las alianzas circunstanciales se desintegren ante las primeras dificultades, debilitando la lucha contra el neoliberalismo y la extrema derecha.
El Nuevo Frente Popular presentó un programa ambicioso con propuestas sociales significativas, como la anulación de la reforma de las pensiones de Macron, la subida del salario mínimo, y mejoras en educación, sanidad y vivienda. Sin embargo, la implementación de este programa enfrenta obstáculos parlamentarios y las divisiones internas dentro de la coalición. Aquí es donde la unidad de acción, tal como la defendida por el Frente Único, se muestra crucial. La colaboración entre las distintas fuerzas de izquierda debe ir más allá de las elecciones y consolidarse en una praxis cotidiana de lucha conjunta.
La historia proporciona ejemplos de la importancia de la unidad de acción en momentos críticos. Durante la Guerra Civil Española, la unidad inicial entre comunistas, socialistas, anarquistas y otras fuerzas republicanas fue esencial para resistir el avance franquista. Aunque las divisiones internas y la falta de un Frente Único sólido finalmente contribuyeron a la derrota, la experiencia subraya la necesidad de una coordinación y compromiso sostenidos.
Intelectuales marxistas como Georg Lukács también han subrayado la importancia de la conciencia de clase y la unidad entre las diversas fracciones del proletariado. Lukács argumentaba que la conciencia de clase no es automática, sino que se desarrolla a través de la lucha y la praxis. En este sentido, la estrategia del Frente Único no solo se orienta hacia la consecución de objetivos inmediatos, sino también hacia la construcción de una conciencia de clase que fortalezca a la izquierda en el largo plazo.
Desde una perspectiva contemporánea, el sociólogo Erik Olin Wright ha defendido la importancia de las estrategias intersticiales, que buscan crear espacios de autonomía dentro del sistema capitalista mientras se trabaja hacia una transformación más amplia. La unidad de acción entre las fuerzas de izquierda es fundamental para aprovechar estas oportunidades y construir un movimiento cohesionado y resistente.
El artículo Carmen Parejo también menciona la estrategia de Macron de posicionar su proyecto centrista como una alternativa a los «extremos», equiparando al Nuevo Frente Popular con la Agrupación Nacional. Esta táctica no es nueva y refleja un intento de deslegitimar cualquier alternativa al statu quo neoliberal. La respuesta de la izquierda a esta narrativa debe ser una unidad de acción que demuestre claramente las diferencias entre las políticas realmente transformadoras y las de la extrema derecha, tanto en términos de contenido como de valores.
Intelectuales contemporáneos, como Noam Chomsky y Angela Yvonne Davis, han subrayado la necesidad de una coalición amplia y unida para enfrentar los desafíos del capitalismo neoliberal y el auge de la extrema derecha. Chomsky, en particular, ha señalado que la fragmentación de la izquierda solo beneficia a las fuerzas reaccionarias. Davis ha enfatizado la importancia de la solidaridad y la colaboración entre diversos movimientos sociales para construir un frente común contra la opresión y la explotación.
La reciente experiencia del Nuevo Frente Popular en Francia debe servir como una lección para las fuerzas de izquierda en toda Europa y el mundo. La unidad de acción, basada en principios compartidos y objetivos claros, es esencial para superar las divisiones internas y construir un movimiento capaz de enfrentar los desafíos contemporáneos. La estrategia del Frente Único, defendida por muchos pensadores de izquierda, ofrece un camino hacia una colaboración más profunda y sostenida, que vaya más allá de las coyunturas electorales y se enfoque en la transformación social.
En última instancia, la lucha por una sociedad más justa y equitativa requiere de una izquierda unida que pueda enfrentar tanto al neoliberalismo como a la extrema derecha con una voz clara y coherente. La estrategia del Frente Único no solo fortalece la capacidad de la izquierda para ganar elecciones, sino que también construye la base para un cambio duradero, arraigado en la solidaridad y la acción colectiva. La experiencia del Nuevo Frente Popular en Francia, con todas sus contradicciones y desafíos, subraya la importancia de esta unidad de acción y la necesidad de seguir trabajando hacia una izquierda más fuerte y cohesionada en todo el mundo.

