Nuevo Frente Popular y la Unidad de la Izquierda

Nuevo Frente Popular: La Victoria de la Unidad y el Desafío de Parar a la Extrema Derecha en Francia

El desenlace de la segunda vuelta de las elecciones legislativas en Francia ha revelado que, a pesar de los numerosos desafíos y la aparente oscuridad del futuro, es posible enfrentar a la extrema derecha. No obstante, es fundamental no dejarse engañar: el sistema electoral francés altera la verdadera correlación de fuerzas en la sociedad. Por ello, es importante tener en cuenta que las tendencias subyacentes en el escenario político francés, marcadas por el crecimiento de la extrema derecha, siguen vigentes. Esta situación sin precedentes en la historia reciente exige una revisión urgente de la política de la izquierda transformadora para hacer frente a estos desafíos.

A pesar de las distorsiones y desafíos, esta victoria política ha sido posible por la unidad de la izquierda, la movilización popular y un programa de ruptura con las décadas de políticas neoliberales. Siguiendo la teoría del Frente Único, propuesta por el teórico marxista León Trotsky, la izquierda francesa ha mostrado que la colaboración y la unidad frente a un enemigo común pueden ser extremadamente efectivas. Trotsky argumentaba que en momentos de crisis, cuando las fuerzas reaccionarias ganan terreno, es crucial que todas los segmentos de la clase trabajadora y los movimientos progresistas unan sus fuerzas, a pesar de sus diferencias internas. Esto no sólo maximiza su fuerza colectiva, sino que también moviliza y empodera a las bases populares.

El resultado de estas elecciones también genera una situación compleja y sin precedentes en la política francesa reciente: ningún bloque político tiene la mayoría absoluta en el parlamento. Esta circunstancia deriva en una crisis institucional cuyo futuro es difícil de prever. Según el sociólogo Pierre Bourdieu, las crisis políticas profundas revelan las fracturas subyacentes en el campo político y en la estructura social más amplia. Las instituciones, diseñadas para mantener el statu quo, a menudo se encuentran inadecuadas para lidiar con cambios bruscos y demandas populares emergentes. Este momento de crisis puede ser visto como una oportunidad para reconfigurar el panorama político y social de Francia, aunque no sin enfrentarse a una resistencia significativa.

La segunda vuelta ha dejado una enseñanza clave: el duro golpe recibido por el Rassemblement National (RN) y sus aliados. La derrota de muchos de los candidatos del RN trae un soplo de esperanza para las personas racializadas, las mujeres, la juventud, las personas LGTBIQ+ y para toda la mayoría social y la clase trabajadora. Esta victoria del Nuevo Frente Popular ha frenado el avance de la extrema derecha, que a pesar de incrementar el número de escaños en relación a las elecciones de 2022, ha sufrido una significativa derrota. El fracaso de Bardella es el resultado directo de una movilización popular sin precedentes, impulsada por la unidad y el esfuerzo conjunto de todos los partidos y organizaciones integrados en el Nuevo Frente Popular. La mencionada derrota de la ultraderecha francesa no solo evidencia la resistencia al odio y la intolerancia, sino que también subraya el poder transformador de la acción colectiva unitaria y la cooperación política antifascista.

La filósofa Chantal Mouffe sostiene que las alianzas amplias y la construcción de frentes populares son esenciales para enfrentar las amenazas de la derecha populista. Según Mouffe, el éxito de tales alianzas radica en su capacidad para articular una visión de cambio que resuene con una amplia gama de actores sociales, más allá de las divisiones ideológicas tradicionales. El Nuevo Frente Popular en Francia ha ejemplificado esta estrategia, al reunir a diversas corrientes de la izquierda política, sindical y asociativa, y al movilizar a un amplio sector de la población.

El sociólogo Erik Olin Wright, en su obra Cómo ser anticapitalista en siglo XXI, argumenta que las victorias políticas, como el reciente triunfo del Nuevo Frente Popular en Francia, no sólo deben ser vistas como resultados electorales, sino como momentos en un proceso más largo de transformación social. La creación del Nuevo Frente Popular no fue simplemente una táctica electoral; fue una manifestación de un movimiento social enraizado en la resistencia a las políticas neoliberales y a la opresión de la extrema derecha. Este movimiento ha sido impulsado por la amplia movilización popular de los sectores populares y la clase trabajadora, en particular de las personas racializadas y de la juventud, comprometidos en detener el avance de RN.

Sin embargo, la derrota de RN no debe ocultar el hecho de que está aumentando su número de diputados y diputadas de forma muy significativa y que sigue siendo una amenaza para las personas racializadas, los derechos sociales y las libertades democráticas. La socióloga Loïc Wacquant ha advertido que el ascenso de la extrema derecha en Europa está ligado a la creciente inseguridad económica y social producida por las políticas neoliberales. Este contexto crea un terreno fértil para la retórica xenófoba y ultranacionalista, que canaliza el descontento popular hacia objetivos reaccionarios. Por lo tanto, la lucha contra la extrema derecha no puede limitarse a la arena electoral; debe involucrar cambios estructurales que aborden las raíces de la desigualdad y la exclusión.

El resultado electoral también señala una derrota significativa para los macronistas, que han perdido un tercio de sus escaños. Si siguen teniendo tantos diputados, se lo deben únicamente a los votantes de izquierda, que en gran parte se pasaron a ellos en la segunda vuelta para bloquear a RN. Este fenómeno de «voto útil» es un reflejo de la desesperación de muchos votantes por evitar un peor mal. La filósofa Nancy Fraser ha criticado este tipo de compromisos, argumentando que refuerzan el ciclo de políticas neoliberales que, en última instancia, alimentan el descontento que nutre a la extrema derecha. Fraser sugiere que la izquierda debe presentar alternativas claras y audaces que puedan movilizar una base amplia y ofrecer una visión creíble de cambio.

La movilización popular, marcada por una participación sin precedentes en décadas, plantea también la necesidad de avanzar hacia una Asamblea Constituyente, por una auténtica democracia de la mayoría. Aquí, las ideas de la filósofa Judith Butler sobre la performatividad y la acción colectiva son particularmente relevantes. Butler argumenta que las movilizaciones masivas no sólo son eventos políticos, sino también actos performativos que reconfiguran el espacio público y desafían las normas establecidas. La demanda de una Asamblea Constituyente no es sólo una petición política; es un acto que reimagina y reclama la democracia de una manera más inclusiva y participativa.

A partir de ahora, el Nuevo Frente Popular debe cumplir los compromisos adquiridos y aplicar todas las medidas de urgencia previstas en su programa, empezando por la derogación de la reforma de las pensiones y del seguro de desempleo. Esto sólo puede ocurrir si se mantiene y amplía el impulso popular, lo que significa construir colectivos del Nuevo Frente Popular a nivel local, abiertos a todo el mundo, que puedan ayudar a amplificar el movimiento y a construir movilizaciones y huelgas en los próximos meses.

La activista y filósofa Angela Davis ha enfatizado la importancia de los movimientos de base y la organización local en la lucha por la justicia social. Según Davis, los cambios verdaderamente transformadores surgen de la acción sostenida y organizada a nivel comunitario, donde las personas pueden desarrollar un sentido de agencia y solidaridad. La construcción de colectivos del Nuevo Frente Popular a nivel local no sólo es una estrategia para la acción política, sino también un proceso de empoderamiento colectivo.

La estrategia de Frente Único también se apoya en la idea de que las diferencias internas dentro de la izquierda pueden ser una fuente de fuerza más que una debilidad. Según el teórico político Ernesto Laclau, la formación de un frente amplio requiere la articulación de demandas heterogéneas en una cadena equivalencial que pueda unificar a diversos grupos sociales sin borrar sus diferencias. Este proceso no es fácil y requiere un liderazgo sensible y una capacidad para negociar y mediar entre diferentes intereses. Sin embargo, como señala Laclau, es precisamente esta capacidad de articular una pluralidad de demandas lo que permite a un frente popular movilizar a una base amplia y diversa.

Además, la socióloga Saskia Sassen ha subrayado la importancia de reconocer las intersecciones entre las luchas locales y las dinámicas globales. En un contexto de globalización, las políticas neoliberales y los movimientos de extrema derecha no son fenómenos aislados, sino que están interconectados a través de redes transnacionales. Por lo tanto, las estrategias locales deben ser complementadas con una conciencia y una solidaridad global. La creación de redes internacionales de apoyo y cooperación entre movimientos progresistas puede fortalecer la resistencia local y proporcionar recursos y conocimientos valiosos.

En última instancia, el desafío para la izquierda en Francia, y en otros lugares, es mantener la unidad y la movilización más allá de las elecciones. Como argumenta el sociólogo Manuel Castells, los movimientos sociales exitosos son aquellos que logran transformar la energía y la movilización de las campañas electorales en un compromiso sostenido y en la creación de estructuras organizativas duraderas. Esto implica la necesidad de desarrollar nuevas formas de participación democrática que vayan más allá de los mecanismos tradicionales y que puedan involucrar a una ciudadanía más amplia y diversa.

Ningún gobierno de unidad nacional puede responder a las aspiraciones expresadas por la mayoría social en las urnas. La izquierda transformadora francesa debe permanecer unida para actuar, debatir y trazar una perspectiva de emancipación que haga retroceder a la extrema derecha. La movilización popular articulada en Francia alrededor del Nuevo Frente Popular ha demostrado ser una fuerza poderosa, pero su éxito a largo plazo depende de su capacidad para mantener ese ímpetu antifascista que no se quede simplemente en una capacidad suficiente para frenar a la ultraderecha, sino que sirva además para impulsar con mayor energía toda clase de protestas y luchas sociales que ayuden a conseguir cambios políticos y sociales concretos.

El filósofo Slavoj Žižek ha argumentado que las crisis políticas y económicas pueden ser momentos de gran peligro, pero también de gran oportunidad. En estos momentos, la imaginación política y la capacidad de proponer y luchar por alternativas radicales se vuelven cruciales. La victoria de la izquierda unida en Francia, por medio del Nuevo Frente Popular, y la derrota de la extrema derecha ofrecen una ventana de oportunidad para avanzar hacia una sociedad más justa y democrática. Pero esta ventana no permanecerá abierta indefinidamente. La izquierda debe aprovechar este momento para consolidar sus logros, ampliar su base y desarrollar una visión clara y convincente de un futuro alternativo.

El desafío de enfrentar a la extrema derecha y de construir una alternativa transformadora y democrática es inmenso, pero no imposible. Requiere una combinación de movilización popular, unidad estratégica, y un compromiso firme con la justicia social y la igualdad. Este es un momento crítico en la historia política de Francia y, potencialmente, en la de Europa. Las lecciones de esta experiencia pueden ofrecer valiosas pistas y estrategias para otros movimientos populares y transformadores en todo el mundo.

Extraigan ustedes las conclusiones.

Deja un comentario