Humanización Animal 

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Estamos perdiendo el norte al tratar a nuestras mascotas cómo humanos?

Manuel H. Iglesias, en su artículo de opinión «Pasarse de voltas», publicado en lingua galega en el periódico La Región, y en los digitales Novas do Eixo Atlántico y Galicia Confidencial, parece preocuparse por la creciente tendencia de humanizar a los animales de compañía, específicamente a los perros. En una reflexión que más bien parece una reprimenda moralista, Iglesias insinúa que atribuir cualidades humanas a nuestros amigos peludos es una señal de que la sociedad está perdiendo el norte. Pero, quizás, lo que realmente está pasando por alto es la profunda conexión emocional que las personas pueden tener con sus mascotas, así como los derechos fundamentales de las mujeres a elegir libremente sobre sus vidas.

Primero, su anécdota sobre una joven que habla con su perro como si fuera una persona no es más que una evidencia del amor y el cuidado que muchos dueños de mascotas sienten por sus compañeros animales. Esta humanización no es una moda o una debilidad; es una manifestación del profundo vínculo emocional y del apoyo que los animales proporcionan a los seres humanos. Numerosos estudios demuestran que las mascotas pueden mejorar significativamente la salud mental y emocional, reduciendo la ansiedad, el estrés y mejorando el bienestar general. Tratar bien a los animales y considerar sus necesidades emocionales no es pasarse de vueltas, sino actuar con empatía y responsabilidad.

En cuanto a la crítica de que la sociedad está destinando demasiados recursos a las mascotas mientras descuida cuestiones humanitarias urgentes, es importante recordar que la compasión no es un juego de suma cero. Podemos y debemos preocuparnos por el bienestar animal sin descuidar las necesidades humanas. El hecho de que las políticas públicas promuevan la adopción de animales de refugio con incentivos financieros es una medida positiva que reduce el abandono y promueve la responsabilidad. Y sí, también es cierto que las políticas sociales deben mejorar para apoyar mejor a las personas mayores y dependientes, pero una cosa no excluye a otra.

Ahora, respecto a las observaciones de Iglesias sobre la demografía y las elecciones de vida de las mujeres, hay que ser claros: cada mujer tiene el derecho de decidir sobre su vida y su cuerpo. Si una mujer joven decide tener un perro en vez de un hijo, es una decisión personal que debe ser respetada. La idea de que las mujeres están obligadas a tener hijos es anticuada y patriarcal. Las mujeres tienen derecho a elegir su camino sin ser juzgadas por la sociedad. La preferencia por tener un perro puede deberse a múltiples razones, incluyendo la busca de compañía, la estabilidad emocional, o simplemente el amor por los animales. Esta elección no es una renuncia a las responsabilidades sociales, sino una afirmación de la autonomía personal.

Iglesias sugiere que estamos perdiendo el norte, pero quizás lo que está perdiendo de vista es la importancia de respetar las elecciones individuales y de promover una sociedad que valore tanto a los seres humanos como a los animales. Las críticas sobre la humanización de los animales y las decisiones de las mujeres no deberían ocultar la necesidad de avanzar hacia un mundo más justo y compasivo. Un mundo donde los derechos de los animales y de los humanos no son mutuamente excluyentes, sino complementarios.

Proponemos una visión que celebre tanto el amor por los animales cómo la libertad de las mujeres para tomar decisiones sobre sus vidas. Aquí van algunas medidas que pueden ayudar a construir una sociedad más equilibrada y respetuosa:

1. Respeto por la autonomía personal: Reconocer y respetar las decisiones de las mujeres sobre si tener hijos o mascotas. Sus elecciones no deben ser juzgadas ni despreciadas, sino valoradas como expresiones de su libertad y autonomía.

2. Promoción del bienestar animal: Continuar fomentando la adopción responsable y la tenencia de mascotas, asegurando que los animales reciban el cuidado y el respeto que merecen. Las políticas que apoyan el bienestar animal no solo benefician a los animales, sino también a las personas que encuentran en ellos una fuente de apoyo emocional y compañía.

3. Fortalecimiento de las políticas sociales: Las administraciones públicas deben equilibrar sus recursos para atender tanto a las necesidades de los animales como a las de los seres humanos. La mejora de los servicios para personas mayores y dependientes no debe verse comprometida por la promoción del bienestar animal.

4. Educación en empatía: Fomentar una educación que promueva la empatía y el respeto tanto hacia los animales como hacia las personas. La comprensión de las necesidades emocionales y físicas de los animales puede ayudar a construir una sociedad más compasiva.

5. Apoyo a la salud mental: Reconocer el papel fundamental que las mascotas desempeñan en la mejora de la salud mental y proporcionar apoyo adecuado a las personas que encuentran en sus animales una fuente de bienestar.

En conclusión, el artículo de Manuel H. Iglesias subestima la importancia de tratar a los animales con dignidad y el derecho de las mujeres a elegir libremente sobre sus vidas. Es esencial adoptar una perspectiva equilibrada que reconozca los beneficios de la relación estrecha entre humanos y animales, así como los derechos individuales. Nuestra sociedad debe avanzar hacia un futuro donde la empatía y el respeto sean los pilares fundamentales, tanto para los animales cómo para las personas. De esta manera, podremos construir un mundo más justo, compasivo y respetuoso con todas las formas de vida.

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