
Dejad que el río fluya: un paralelismo entre el pueblo Sami y el pueblo gallego
En la historia del cine, pocas películas han logrado capturar la esencia de una lucha cultural y étnica como «Dejad que el río fluya», la ganadora del Goya noruego. La película, basada en la apasionante y conmovedora lucha del pueblo Sami por su supervivencia y reconocimiento, evoca una resonancia particular con la situación del pueblo gallego en el Estado plurinacional español. A través de la vida de Ester, una maestra que lucha con su identidad Sami en medio de la represión cultural, podemos reflexionar sobre el fenómeno del autoodio y la diglosia en Galicia, utilizando también como marco teórico «Retrato del Colonizado» de Albert Memmi.
La lucha Sami en «Dejad que el río fluya»
«Dejad que el río fluya» nos transporta al verano de 1979, cuando Ester se muda a Alta, al norte de Noruega, para trabajar como maestra. Al igual que muchos sami de su época, Ester oculta su herencia étnica por vergüenza y hace grandes esfuerzos por encajar en una sociedad que la discrimina. La película revela cómo Ester, a través de su primo Mikkhal y el movimiento de resistencia en el río Alta, redescubre su identidad y se une a la lucha contra la construcción de una presa que amenaza no solo el ecosistema, sino también la cultura y los derechos del pueblo Sami.
Esta narrativa no solo representa una historia de resistencia, sino también una profunda introspección sobre el autoodio y la identidad cultural. El pueblo Sami, a menudo marginado y sometido a políticas de asimilación, ha luchado durante siglos por el reconocimiento y la preservación de su cultura. Esta situación tiene paralelismos significativos con la realidad del pueblo gallego.
El pueblo gallego: identidad y autoodio
Galicia, una nación al noroeste de la peninsula ibérica, ha experimentado un fenómeno similar de marginación y asimilación cultural. A pesar de tener una lengua propia, el gallego, y una rica tradición cultural, nuestra nación ha sufrido un proceso de sustitución lingüística y cultural en favor del español. Este fenómeno, conocido como diglosia, se manifiesta cuando una lengua es relegada a un uso doméstico o informal, mientras que la otra domina los ámbitos oficiales y educativos.
El autoodio en Galicia, como en el caso Sami, es una consecuencia directa del colonialismo interno y las políticas de asimilación. Según Albert Memmi en su obra «Retrato del Colonizado», el colonizado a menudo interioriza las opiniones y actitudes del colonizador, lo que lleva a una auto-despreciación de su propia cultura. En Galicia, esta dinámica se ha observado a través de la progresiva desvalorización del gallego y la preferencia por el español en la vida pública y privada.
Paralelismos entre Sami y gallegos
Represión cultural y lingüística
Tanto los Sami como los gallegos han sido objeto de represión cultural y lingüística. En Noruega, la política de «norueguización» impuesta a finales del siglo XIX y principios del XX buscaba erradicar la cultura Sami, prohibiendo el uso de su lengua y forzando a los niños Sami a asistir a escuelas donde solo se enseñaba en noruego. De manera similar, en Galicia, especialmente durante la dictadura de Franco, el uso del gallego fue fuertemente reprimido en favor del español, llevando a una pérdida significativa de hablantes y a una internalización del desprecio hacia la propia lengua y cultura.
Resistencia y revitalización
A pesar de estas políticas represivas, ambos pueblos han mostrado una notable capacidad de resistencia y revitalización. Tras la Segunda Guerra Mundial, el pueblo Sami experimentó un resurgimiento de su identidad cultural, en parte debido a movimientos de derechos indígenas y a un creciente reconocimiento internacional. En Galicia, desde la transición democrática, ha habido esfuerzos por revitalizar el gallego, incluyendo su cooficialidad junto al español y su inclusión en el sistema educativo. Sin embargo, las cifras de hablantes de gallego están en descenso, según el último censo del INE, que muestra que el castellano ya es el idioma más utilizado en Galicia en todos los ámbitos. Expertos, como Henrique Monteagudo de la Real Academia Galega, no están sorprendidos, ya que estudios previos ya habían advertido esta tendencia. La política lingüística del gobierno autonómico, especialmente bajo el liderazgo de Feijóo y Rueda, ha reducido el uso del gallego en las aulas y no ha sido eficaz en promover su uso. La diglosia es evidente, y la falta de apoyo institucional y social ha desmotivado a los gallegohablantes. La situación se agrava con la influencia del entorno escolar y la integración en el ámbito laboral, donde el castellano predomina.
Autoodio y asimilación
El autoodio, tal como describe Memmi, es una condición en la que los colonizados llegan a aceptar la superioridad del colonizador y a rechazar sus propias identidades. Este fenómeno es claramente visible tanto en el pueblo Sami como en el gallego. En «Dejad que el río fluya», Ester inicialmente se siente avergonzada de su herencia Sami y participa en chistes despectivos para encajar. Esta actitud refleja un profundo autoodio inducido por años de discriminación y asimilación cultural.
En Galicia, el autoodio se manifiesta en la preferencia por el español en detrimento del gallego, incluso entre los propios gallegos. Martín Sarmiento, en el siglo XVIII, ya criticaba los prejuicios antigalegos y la interiorización de estos en la población gallega. Hoy en día, esta dinámica sigue presente, visible en la disminución del uso del gallego en la vida diaria y en la percepción de que el español es más útil o prestigioso.
Referencias teóricas y literarias
Albert Memmi y el autoodio
Albert Memmi, en su obra «Retrato del Colonizado», proporciona un marco teórico crucial para entender el fenómeno del autoodio. Memmi argumenta que el colonizado, al ser bombardeado constantemente con la idea de su inferioridad, comienza a creer en esta narrativa y a rechazar su propia cultura y lengua. Este proceso de auto-despreciación es una herramienta poderosa de control, ya que asegura la dominación del colonizador sin necesidad de una represión constante.
La diglosia en Galicia
El concepto de diglosia, desarrollado por Charles A. Ferguson, describe una situación en la que dos variedades de una lengua coexisten en una comunidad, pero tienen funciones sociales diferentes. En Galicia, el gallego ha sido relegado a contextos informales y familiares, mientras que el español domina en la educación, la administración y los medios de comunicación. Esta separación funcional contribuye al fenómeno del autoodio, ya que refuerza la percepción de que el gallego es una lengua menos prestigiosa o útil.
Martín Sarmiento y la crítica de los prejuicios
Martín Sarmiento, un erudito gallego del siglo XVIII, fue uno de los primeros en criticar los prejuicios antigalegos y en abogar por la preservación de la lengua y la cultura gallegas. Sarmiento señaló cómo estos prejuicios habían sido interiorizados por los propios gallegos, lo que llevó a una auto-represión cultural. Sus escritos son un testimonio temprano de la lucha contra el autoodio y la defensa de la identidad gallega.
Neocolonialismo interior y dominación cultural
El fenómeno del neocolonialismo interior y la dominación cultural en los países occidentales puede observarse en la forma en que las culturas y lenguas minoritarias son marginadas y asimiladas. Esta dinámica no es exclusiva de los Sami y los gallegos, sino que se repite en muchas nacionalidades y regiones con minorías étnicas y lingüísticas.
Dominación cultural
La dominación cultural se manifiesta en la imposición de la cultura y la lengua dominante sobre las minorías. Este proceso a menudo implica la desvalorización de las culturas minoritarias y la promoción de la idea de que la cultura dominante es superior. En Noruega, esta dominación se ha visto en la política de norueguización que buscaba eliminar la cultura Sami. En Galicia, la imposición del español como lengua dominante ha llevado a la marginalización del gallego.
Asimilación y resistencia
La asimilación cultural es un proceso mediante el cual las minorías adoptan las costumbres y la lengua de la cultura dominante, a menudo a expensas de su propia identidad. Sin embargo, tanto los Sami como los gallegos han mostrado una resistencia significativa a este proceso. En Noruega, el resurgimiento de la identidad Sami y la revitalización de su lengua son ejemplos de esta resistencia. En Galicia, la lucha por la cooficialidad del gallego, la normalización lingüística y su inclusión en el sistema educativo son esfuerzos por preservar la identidad cultural frente a la asimilación.
Reflexiones finales
«Dejad que el río fluya» no es solo una película sobre la lucha del pueblo Sami; es una llamada a la reflexión sobre la importancia de la identidad cultural y la resistencia contra la asimilación. Al trazar un paralelismo entre los Sami y los gallegos, podemos ver cómo el fenómeno del autoodio y la diglosia son manifestaciones de un neocolonialismo interior que busca dominar y asimilar culturas minoritarias.
En última instancia, la lucha de Ester por aceptar su herencia Sami y unirse a la resistencia es un poderoso recordatorio de la importancia de la identidad y la cultura. Al igual que los Sami, el pueblo gallego debe continuar luchando por su lengua y su cultura, reconociendo el valor intrínseco de su herencia y resistiendo las presiones de asimilación. Como nos muestra «Dejad que el río fluya», dejar que el río de la identidad cultural fluya libremente es esencial para la supervivencia y el reconocimiento de cualquier pueblo.




