Control y Castigo

Análisis del artículo «El castigo a Podemos va dirigido a ti» de Cristina Fallarás

Introducción

Cristina Fallarás, en su artículo titulado «El castigo a Podemos va dirigido a ti», publicado en el diario Público de hoy domingo 14 de julio de 2024, aborda con una prosa cargada de crítica y reflexión las dinámicas políticas y sociales que han moldeado y siguen influyendo en la vida política española. Este análisis busca desentrañar las capas de significados y contextos que Fallarás presenta, situándolos en un marco teórico y comparativo con las opiniones y estudios de diversos intelectuales.

Contexto Político y Social

El artículo de Fallarás emerge en un contexto de desconfianza generalizada hacia las instituciones políticas, exacerbada por incidentes de espionaje y represión política. La autora se centra en los casos de espionaje a miembros de Podemos, particularmente a la jueza y diputada Victoria Rosell, utilizando estos ejemplos para ilustrar un fenómeno más amplio de control y sanción política.

La Espionaje y la Democracia

Fallarás comienza denunciando el espionaje policial contra dirigentes, diputados y figuras públicas de Podemos, describiéndolo como una «basura que pone en cuestión la salud de nuestra democracia». Esta afirmación resuena con las teorías de Michel Foucault sobre la vigilancia y el poder. Foucault argumenta en «Vigilar y Castigar» (1975) que las sociedades modernas utilizan la vigilancia como una herramienta para mantener el control social. En este caso, el espionaje contra figuras políticas no solo es una forma de control, sino una manera de deslegitimar y desmoralizar a aquellos que desafían el status quo.

El espionaje a Rosell antes y después de su entrada en el Congreso refuerza esta idea de una vigilancia continua y omnipresente. Zygmunt Bauman, en su libro «Liquid Surveillance» [“Vigilancia Líquida”] (2013), expande esta noción al contexto contemporáneo, sugiriendo que la vigilancia en la era digital se ha vuelto más difusa y omnipresente, afectando a todos los niveles de la sociedad. La vigilancia, por tanto, no es solo una cuestión de control político, sino una herramienta de poder que permea la vida cotidiana, generando una cultura de miedo y autocensura.

La Política y la Desilusión

El diálogo entre la autora y una interlocutora desinteresada sirve como un microcosmos de la apatía política generalizada. «La política es una mierda», dice la mujer, reflejando una desilusión que el sociólogo Pierre Bourdieu analiza en «La Distinción» (1979), donde describe cómo las clases dominantes manipulan las estructuras sociales y culturales para mantener su hegemonía. La desilusión con la política no es accidental; es un producto de la manipulación y el control que desmotivan la participación activa de las ciudadanas y ciudadanos.

Fallarás plantea que la lucha por la justicia social y contra los poderes establecidos conlleva un alto costo personal. Esta idea se alinea con las teorías de Antonio Gramsci sobre la hegemonía cultural, donde las clases dominantes no solo ejercen poder a través de la coerción, sino también mediante la construcción de una narrativa cultural que deslegitima y marginaliza a los opositores. En el caso de Podemos, la narrativa dominante los presenta como disruptores indeseables, justificando así las acciones represivas en su contra.

Medios de Comunicación y Narrativas Dominantes

La autora critica cómo los medios de comunicación han repetido hasta el cansancio la idea de que Podemos terminó haciendo la misma política vieja, utilizando el ejemplo de las tertulias televisivas para ilustrar su punto de vista. Esta observación se puede contextualizar con la teoría de la Agenda Setting de Maxwell McCombs y Donald Shaw, que sugiere que los medios no solo informan, sino que también establecen la agenda pública, dictando sobre qué se debe pensar y hablar. La repetición de ciertos argumentos en los medios contribuye a la formación de una opinión pública desfavorable hacia Podemos, moldeando la percepción social.

Además, Noam Chomsky y Edward S. Herman en «Manufacturing Consent» [“Consetimiento manufacturado”] o [“La fabricación del Consentimiento”] (1988) argumentan que los medios de comunicación sirven a los intereses de las élites económicas y políticas, funcionando como un aparato ideológico que perpetúa el poder establecido. En el contexto español, la demonización de Podemos en los medios puede verse como un esfuerzo concertado para preservar el statu quo y prevenir cambios disruptivos.

La Desconfianza y la Participación Política

Fallarás señala que la sociedad ha desarrollado una «pereza pegajosa» debido a las constantes mentiras y trampas políticas, lo que lleva a un estado de apatía y desconfianza. Esta observación es consistente con el concepto de «anomia» desarrollado por Émile Durkheim, que describe una condición social en la que las normas y valores están tan erosionados que las personas se sienten desconectadas y desorientadas.

El fenómeno de la desconfianza hacia las instituciones también es abordado por Robert Putnam en «Bowling Alone» [“Jugando bocliche solo”](2000), donde argumenta que el declive del capital social y la participación cívica en Estados Unidos ha llevado a una crisis de confianza en las instituciones democráticas. En el contexto español, esta desconfianza se manifiesta en la indiferencia y el escepticismo hacia la política, exacerbados por los escándalos de corrupción y abuso de poder.

La Capacidad de Indignación

A pesar del clima de apatía, Fallarás subraya la importancia de mantener la capacidad de escandalizarse y emocionarse ante las injusticias. Esto se alinea con las posiciones que defienden que la ética y la indignación pública son esenciales para el funcionamiento de una sociedad democrática. La capacidad de indignarse ante las injusticias es lo que impulsa el cambio social y político.

El desafío, según Fallarás, es quién puede mantener esta capacidad de indignación en un contexto de constante desmoralización. Aquí es relevante la obra de Hannah Arendt, particularmente en «La condición humana» (1958), donde discute la importancia de la acción política y la participación activa en la vida pública como elementos fundamentales de una democracia vibrante. La apatía y la indiferencia, en contraste, representan una amenaza para la vitalidad democrática.

La Transición Española y la Continuidad del Poder

La autora menciona la «modélica Transición» española, criticando cómo esta ha sido utilizada para perpetuar estructuras de poder heredadas del franquismo. Este punto se puede analizar a través de la lente de la teoría de la élite de C. Wright Mills, quien en «The Power Elite» [«La élite del poder»] (1956) argumenta que una pequeña élite mantiene el control sobre las instituciones claves de la sociedad, perpetuando su poder a lo largo del tiempo.

En el caso de España, la transición de la dictadura a la democracia fue presentada como un modelo de reconciliación y progreso. Sin embargo, numerosos académicos, como el historiador Paul Preston, han señalado que esta transición dejó intactas muchas de las estructuras de poder franquistas, lo que ha limitado las posibilidades de una verdadera democratización. Fallarás sugiere que los ataques a Podemos son un esfuerzo por parte de estas estructuras para reprimir cualquier intento de cuestionar y transformar el orden establecido.

Conclusión

El artículo de Cristina Fallarás invita a la reflexión sobre la situación política y social en España, utilizando el caso de Podemos como un ejemplo de las dinámicas de poder, control y desilusión. A través de su análisis, Fallarás nos recuerda la importancia de la vigilancia crítica, la participación activa y la capacidad de indignación como elementos esenciales para una democracia saludable.

Las teorías de Foucault, Gramsci, Chomsky, Putnam, Arendt y otros intelectuales proporcionan un marco para entender las complejidades que Fallarás aborda. Su artículo no solo denuncia las injusticias actuales, sino que también nos invita a cuestionar las narrativas dominantes y a luchar por una sociedad más justa y equitativa.

En última instancia, Fallarás destaca que el verdadero objetivo del castigo político no son solo los individuos atacados, sino la sociedad en su conjunto, a la que se le envía un mensaje de advertencia: no desafíen el poder establecido. Esta es una advertencia que todos debemos tomar en serio si queremos preservar y fortalecer nuestras democracias.

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