La Sombra de Planilandia sobre la España Contemporánea

Introducción
En la novela «Planilandia» de Edwin Abbott, se nos presenta un mundo bidimensional, un universo donde las figuras geométricas habitan un plano sin capacidad de concebir una tercera dimensión. Esta limitación de perspectiva es una potente metáfora que resuena con inquietante claridad en la sociedad española actual. Al igual que las formas geométricas de Planilandia, nuestra sociedad se encuentra atrapada en una estructura rígida y bidimensional, incapaz de mirar hacia arriba o hacia abajo, prisionera de una élite satisfecha consigo misma y de un bipartidismo imperfecto que limita nuestra capacidad de progreso.
La Metáfora de Planilandia y la Sociedad Española
En «Planilandia», las figuras planas están organizadas en una jerarquía estricta donde los círculos, la clase más alta, ejercen un control absoluto sobre las demás formas. Esta estructura es una clara representación de la desigualdad institucionalizada y del elitismo. En España, el bipartidismo del Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha perpetuado una dinámica similar. La alternancia en el poder entre estos dos partidos ha creado un sistema cerrado, donde las verdaderas reformas y el cambio estructural son prácticamente imposibles.
Podemos, con su irrupción en el panorama político, al igual que el cuadrado de Planilandia que descubre la tercera dimensión, cuestiona este status quo. Sin embargo, su impacto se ha visto disminuido por las mismas fuerzas que mantienen el orden bidimensional. Javier Sánchez Serna, coportavoz de Podemos, ha denunciado recientemente que las medidas de regeneración presentadas por Pedro Sánchez son una «tomadura de pelo». Esto refleja una crítica profunda a un sistema donde los titulares y las promesas vacías reemplazan la acción real. Tal como en Planilandia, donde las figuras más bajas apenas pueden percibir la posibilidad de una tercera dimensión, los ciudadanos españoles son mantenidos en la oscuridad sobre la posibilidad de un cambio verdadero.
Las Fuerzas Opuestas al Pensamiento Hegemónico
Además de Podemos, hay otras fuerzas políticas en España que intentan desafiar el pensamiento hegemónico emanado del poder y las élites. Partidos nacionalistas como el Bloque Nacionalista Galego (BNG) en Galicia, EH-BILDU en el País Vasco y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en Cataluña, representan intentos de romper con la estructura monolítica del bipartidismo. Estos partidos actúan como voces disidentes, luchando por la autodeterminación y por políticas que se alejan del centralismo y del conservadurismo que caracteriza a los partidos sistémicos.
En este sentido, la crítica social de Abbott se hace aún más pertinente. La condición plana del mundo de Planilandia es una metáfora perfecta para la representación de una sociedad donde las élites están satisfechas consigo mismas y donde el prestigio se basa en la desigualdad institucionalizada. Al igual que en Planilandia, donde los círculos impiden a las otras formas ver más allá de su plano, en España, los partidos sistémicos como PP, VOX, PSOE y SUMAR limitan la capacidad de la sociedad para visualizar y alcanzar una verdadera democracia participativa y equitativa.
Crítica a los Partidos Sistémicos: PP, VOX, PSOE y SUMAR
El Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español han dominado la política española durante décadas. Ambos partidos representan los intereses de las élites y han fallado en implementar reformas estructurales significativas. El PP, con su ideología conservadora, ha sido un defensor constante del status quo, promoviendo políticas que benefician a los sectores más privilegiados de la sociedad. VOX, por otro lado, representa una vuelta al autoritarismo y a la xenofobia, una reacción extrema que busca aprovechar el descontento popular pero que en realidad solo agrava la división y la exclusión.
El PSOE, aunque se presenta como un partido de izquierda, ha demostrado ser incapaz de llevar a cabo las transformaciones que promete. La crítica de Sánchez Serna a las medidas de regeneración de Pedro Sánchez es un reflejo de esto. La legislatura actual se está «quedando raquítica», con un Ejecutivo que lanza titulares sin sustancia. La promesa de derogar la Ley Mordaza, por ejemplo, se ha diluido en una «reformita» insignificante, mostrando una vez más la desconexión entre el discurso y la acción.
SUMAR, el partido liderado por Yolanda Díaz, ha tratado de presentarse como una alternativa progresista, pero también ha caído en la trampa de las promesas vacías y la falta de acción concreta. En lugar de romper con el bipartidismo, SUMAR parece estar absorbiendo su dinámica, convirtiéndose en otra pieza del engranaje que mantiene la sociedad española en un estado bidimensional.
La Necesidad de una Nueva Dimensión Política
La novela de Abbott no solo es una crítica a la sociedad victoriana, sino un llamado a expandir nuestros horizontes, a considerar la posibilidad de nuevas dimensiones de existencia. En el contexto español, esto significa romper con el bipartidismo y las dinámicas de poder que perpetúan la desigualdad y la exclusión. Las palabras de Abbott resuenan con una verdad atemporal: «El más alto estado de tu propio ser es un abismo para aquellos que están por debajo de ti.«
Para España, el camino hacia una verdadera democracia implica la emancipación de las fuerzas políticas disidentes y la creación de un espacio político donde todas las voces sean escuchadas. La compleja emancipación de la mujer, la igualdad universal de derechos cívicos y el derrocamiento de las capas sociales dirigentes que Abbott defendía, son objetivos que deben ser perseguidos con renovada vigor. La instauración de una democracia popular, sustentada por un verdadero modelo participativo que no se limite únicamente al sufragio universal. Laclau y Mouffe dicen que la democracia liberal y la democracia deliberativa, en sus intentos de construir consenso, oprimen diferentes opiniones, carreras, clases, géneros, y puntos de vista. En el mundo, en un país, y en un movimiento social hay muchas (una pluralidad de) diferencias que resisten al consenso. La democracia radical no sólo acepta las diferencias, disidencia (disenso) y antagonismos, sino que es dependiente de ello. Laclau y Mouffe argumentan con base en la suposición que hay relaciones de poder opresivas en la sociedad que tendrían que ser hechas visibles, renegociadas y modificadas. Por construir democracia alrededor de la diferencia y la disensión, las relaciones de poder que existen en las sociedades son colocadas en frente, de modo que pueden ser desafiadas. Avanzar en una democracia real es la tercera dimensión que nuestra sociedad necesita desesperadamente.
La Realidad Actual y el Futuro de España
La realidad actual de la política española es desalentadora. Los partidos sistémicos continúan dominando el panorama, y las promesas de regeneración se desvanecen en la inacción. La denuncia de Sánchez Serna sobre la «manipulación mediática» y el «lawfare» es un recordatorio de cómo las élites utilizan todas las herramientas a su disposición para mantener su poder. La manipulación de los medios y el uso del sistema judicial para silenciar a los opositores son tácticas que perpetúan la estructura bidimensional de nuestra sociedad.
Sin embargo, hay esperanza en las fuerzas que se levantan contra este sistema. Podemos, BNG, EH-BILDU y ERC representan la posibilidad de una nueva dimensión política. La lucha por la autodeterminación, por una democracia participativa y por la igualdad de derechos son los pilares sobre los cuales se puede construir una nueva sociedad.
La sátira social de Abbott en «Planilandia» nos invita a reflexionar sobre nuestras propias limitaciones y a imaginar un futuro donde las barreras de la desigualdad y la exclusión sean finalmente superadas. La condición plana del mundo de Planilandia no es solo una crítica a la sociedad victoriana, sino un llamado a la acción para todas las sociedades que se encuentran atrapadas en una estructura rígida y opresiva.
Conclusión
España necesita urgentemente una nueva dimensión política. La crítica a los partidos sistémicos y la lucha por una verdadera democracia participativa son pasos esenciales hacia este objetivo. Al igual que en Planilandia, donde la percepción de una nueva dimensión transforma la vida de sus habitantes, España debe abrirse a la posibilidad de un cambio real y profundo. La emancipación de las fuerzas disidentes y la creación de un espacio político inclusivo y equitativo son el camino hacia un futuro más justo y democrático.


