Refutando una argumentación errónea sobre la Bandera
El reciente artículo de opinión firmado por el pediatra y exalcalde de Vigo, Carlos Alberto González Príncipe, titulado: “La Banderas y España” y publicado en el diario ABC ayer sábado 20 de julio de 2024, aborda la emotiva reacción de su nieto al ondear la bandera española tras la victoria de la selección en la Eurocopa 2024. Este relato se utiliza como punto de partida para una crítica a la izquierda española y los nacionalistas [entiendo que periféricos], acusándolos de haber abandonado los símbolos “nacionales” [prefiero utilizar “estatales”] a favor de la derecha. Sin embargo, esta argumentación es profundamente problemática y requiere un análisis detallado y riguroso para desmontar sus erróneas premisas.
Primero, es fundamental entender el contexto histórico y político de España. La bandera española y otros símbolos han sido históricamente apropiados por el régimen franquista, que utilizó estos emblemas para legitimar su dictadura. Filósofos, intelectuales y politólogos han defendido la plurinacionalidad y el modelo federal para España. Entre ellos destacan:
1. Francisco Pi y Margall: Este político, pensador y escritor del siglo XIX es uno de los primeros defensores del federalismo en España. En su obra «Las Nacionalidades» (1877), Pi y Margall argumentó a favor de un modelo federal que reconociera las diversas identidades nacionales dentro de España.
2. Manuel Azaña: Presidente de la Segunda República Española, Azaña también defendió un modelo descentralizado y la autonomía de las regiones. Su gobierno promovió el Estatuto de Autonomía de Cataluña en 1932.
3. Joaquín Costa: Este intelectual del movimiento regeneracionista a finales del siglo XIX y principios del XX abogó por una reforma del Estado que incluyera una mayor autonomía regional, aunque no necesariamente un federalismo pleno.
4. Pablo Iglesias Turrión: Fundador de Podemos, ha defendido la plurinacionalidad y la necesidad de reconocer la diversidad de las naciones dentro de España, proponiendo un modelo de Estado que refleje esta pluralidad.
5. Vicenç Navarro: Este médico, sociólogo y politólogo ha argumentado en favor de un modelo federal para España, defendiendo que una mayor autonomía y reconocimiento de las identidades nacionales fortalecería la cohesión del país.
6. Joan Subirats: Académico y politólogo, Subirats ha reflexionado sobre la necesidad de un modelo plurinacional y ha defendido un federalismo asimétrico que reconozca las especificidades de las diferentes comunidades autónomas en España.
Estos intelectuales y políticos han contribuido significativamente al debate sobre la estructura del Estado español y la necesidad de reconocer su diversidad interna mediante modelos federales o plurinacionales.
El centralismo jacobino, originado en la Revolución Francesa, aboga por un estado central fuerte que homogeniza las diferencias culturales y regionales. En el contexto español, este modelo ha sido particularmente perjudicial. La imposición de una identidad nacional única y centralizada ignora la rica diversidad cultural y lingüística de España. Intelectuales como Manuel Azaña han argumentado que reconocer y celebrar la plurinacionalidad de España es esencial para una convivencia democrática y justa. El propio Azaña, en sus escritos, defendía una España inclusiva y diversa, contrapuesta al modelo centralista y excluyente del franquismo.
En este sentido, el error no reside en la izquierda y los nacionalistas por evitar los símbolos del Estado español, sino en no haber reconfigurado estos símbolos para representar una España plural y democrática. La actual bandera, con sus connotaciones monárquicas y reaccionarias, no puede ser un símbolo de unidad para todos los españoles y españolas. La adopción de la bandera tricolor republicana sería un paso hacia una España más inclusiva, representativa de los valores democráticos y de la diversidad de sus pueblos. Esa bandera, utilizada durante la Segunda República, simboliza un periodo de esperanza y progreso democrático que fue brutalmente interrumpido por el golpe fascista de 1936.
Además, el discurso de González Príncipe simplifica de manera peligrosa la relación entre identidad nacional y símbolos. Los símbolos nacionales no son meros elementos decorativos; son constructos cargados de significado histórico y político. La filósofa Judith Butler nos recuerda que los símbolos y las prácticas performativas son esenciales para la constitución de identidades colectivas. Así, una bandera no solo representa un territorio, sino que encarna una narrativa histórica y un conjunto de valores. Por ello, es esencial que estos símbolos reflejen una visión inclusiva y democrática del país.
Es evidente que la juventud actual, incluyendo el nieto de González Príncipe, no tiene las mismas cargas históricas que las generaciones anteriores. Sin embargo, esto no justifica la adopción acrítica de símbolos cargados de connotaciones negativas asociadas a un pasado oscuro. La educación y la conciencia histórica son esenciales para entender el valor y el significado de los símbolos estatales. Ignorar la historia y las luchas asociadas con estos símbolos es perpetuar una visión simplista y peligrosa del chauvinismo y ultranacionalismo españolista.
El argumento de González Príncipe de que el monopolio de la bandera se le ha dejado a la ultraderecha y que ello ha sido un error, en realidad, puede ser visto como una invitación a una reflexión más profunda sobre el significado de las identidades nacionales o plurinacionales en el Estado español. La izquierda y los nacionalistas no deben abandonar los símbolos del Estado plurinacional español, sino resignificarlos y utilizarlos para promover una visión de España que celebre su diversidad y pluralidad. Intelectuales como Amartya Sen han argumentado que la identidad no es unívoca, sino múltiple y compleja. Aplicando esta perspectiva, la identidad española debe ser vista como un mosaico de identidades nacionales, regionales y culturales que coexisten y se enriquecen mutuamente.
El uso futuro de una bandera tricolor republicana del Estado plurinacional y de otros símbolos y enseñas de otras realidades nacionales (Ikurriña, Senyera, Bandeira galega…) deben estar orientados hacia la inclusión y la democracia, no hacia la exclusión y el autoritarismo. La filósofa Martha Nussbaum, en su obra sobre el patriotismo y el cosmopolitismo, defiende un patriotismo basado en los valores democráticos y los derechos humanos, que es inclusivo y respeta la diversidad. Esta visión es la que debe guiar la resignificación de los símbolos nacionales en España.
Finalmente, es necesario destacar que el uso de la bandera tricolor y otros símbolos nacionales no debe ser un fin en sí mismo, sino un medio para promover valores democráticos y de justicia social. La verdadera lección que debe extraerse de la crítica de González Príncipe no es la de abandonar la bandera a la ultraderecha, sino la de trabajar activamente para que estos y otros símbolos reflejen una visión de España que sea inclusiva, democrática y justa. Esta es la tarea pendiente para la izquierda y los nacionalistas: no solo es recuperar los símbolos del Estado plurinacional español, sino transformarlos en emblemas de una España plural y democrática, en la que todas sus gentes y culturas se vean representadas.
En conclusión, el texto de Carlos Alberto González Príncipe es un recordatorio de la necesidad de una reflexión profunda y crítica sobre la identidad plurinacional y los diferentes símbolos en España. La respuesta no es abandonar estos símbolos, sino resignificarlos y utilizarlos para promover una visión inclusiva y democrática de España. El centralismo jacobino es un modelo obsoleto que ignora la rica diversidad de España. La adopción de una bandera tricolor republicana y la promoción de una identidad plurinacional diversa y democrática son pasos esenciales para construir un futuro en el que todas las españolas y españoles se sientan representados y orgullosos de su país de países.