Otra Internacional es necesaria

Crítica detallada al texto «Reinventar la Internacional Socialista» de Ascenso Simões desde una perspectiva marxista

Introducción

El texto de Ascenso Simões, «Reinventar la Internacional Socialista”, publicado en português en el periódico Expresso, propone una reflexión sobre el estado actual de la Internacional Socialista (IS) y su falta de relevancia en el escenario político contemporáneo. Sin embargo, su visión reformista, social-liberal y sistémica es insuficiente y revela una profunda desconexión con la realidad de la lucha de clases en Europa y el mundo. En este análisis, criticaré meticulosamente los puntos más débiles de su argumentación y demostraré que la socialdemocracia ya no tiene cabida en un contexto donde la lucha de clases se ha agudizado y donde el capitalismo ha mostrado su incapacidad para reformarse.

La lucha de clases y la crisis de la socialdemocracia

Simões subestima profundamente la agudización de la lucha de clases que caracteriza al mundo contemporáneo. En su texto, no hay una mención clara de cómo el capitalismo ha exacerbado las desigualdades económicas y sociales, llevando a millones de trabajadores y trabajadoras a una situación de precariedad sin precedentes. Esta ceguera ante la realidad material de la clase trabajadora y la mayoría social es un defecto fundamental en su análisis.

Karl Marx y Friedrich Engels, en «El Manifiesto Comunista», ya señalaban que «la historia de todas las sociedades existentes hasta hoy es la historia de la lucha de clases» . La internacionalización del capital, la financiarización de la economía y la desregulación neoliberal han intensificado esta lucha, y cualquier proyecto político que no aborde esta cuestión de manera frontal está condenado al fracaso. La socialdemocracia, con su enfoque en reformas graduales y en la conciliación de intereses entre capital y trabajo, ha demostrado ser incapaz de ofrecer una respuesta efectiva a esta intensificación del conflicto de clases.

Crítica a Pedro Sánchez y su papel en la IS

Simões señala: «En este momento, la IS es presidida por Pedro Sánchez. Se pensó que habría la posibilidad de hacer surgir una nueva energía y un nuevo papel. Pero tal cosa no está sucediendo, ni va a suceder”. Esta afirmación es correcta, pero por razones equivocadas. El problema no es la falta de unidad programática o el oportunismo de Sánchez, sino la naturaleza misma de la socialdemocracia en el contexto actual.

Pedro Sánchez y el PSOE representan un intento desesperado por mantener una apariencia de moderación y estabilidad dentro de un sistema que se desmorona. El fracaso de Sánchez no es un accidente, sino una manifestación inevitable de la crisis de la socialdemocracia. El PSOE, al igual que otros partidos socialdemócratas en Europa, ha adoptado políticas neoliberales que han alienado a su base trabajadora y han favorecido a las élites económicas. La gestión de la crisis económica de 2008 es un ejemplo claro: en lugar de confrontar a los bancos y grandes capitales, los gobiernos socialdemócratas implementaron políticas de austeridad que profundizaron la desigualdad y la precariedad laboral.

El falso dilema de las «dos Españas»

Simões acusa a Sánchez de «hacer regresar las dos Españas de la Guerra Civil«. Esta afirmación simplifica peligrosamente la complejidad del conflicto social y político en España. La Guerra Civil fue una manifestación extrema de la lucha de clases, y su legado no puede ser reducido a una mera dicotomía política. En lugar de abordar las raíces económicas y sociales de la división, Simões prefiere culpar a Sánchez por no mantener una «moderación» ficticia.

La realidad es que la «moderación» que Simões añora nunca ha existido verdaderamente. Las tensiones sociales y políticas en España son el resultado de contradicciones estructurales del capitalismo, las cuales no pueden ser resueltas mediante reformas superficiales. Antonio Gramsci señaló que «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos». La intensificación de las luchas en España y en toda Europa es una manifestación de esta crisis orgánica del capitalismo.

En este contexto de crisis, se observa el auge de fuerzas políticas de extrema derecha, como Vox en España. Este fenómeno no es exclusivo de España; en toda Europa, partidos y movimientos de extrema derecha han ganado terreno. Estos movimientos surgen como respuesta a la incertidumbre y el descontento social generados por las contradicciones internas del sistema capitalista, exacerbadas por las crisis económicas y políticas.

El ascenso de Vox y similares no solo refleja el descontento con el statu quo, sino también el temor y la frustración de amplios sectores de la población que se sienten desprotegidos y desorientados en un mundo en transformación. Estos partidos ofrecen soluciones simplistas y apelan a un nacionalismo excluyente, a menudo señalando a inmigrantes y minorías como chivos expiatorios.

La inevitable polarización política y la radicalización del discurso son síntomas de esta situación de interregno descrita por Gramsci. La incapacidad de las estructuras políticas y económicas tradicionales para resolver los problemas fundamentales de la sociedad lleva a la emergencia de «monstruos» en forma de ideologías y movimientos extremos. Así, el auge de la extrema derecha en Europa es una señal clara de la crisis profunda y orgánica que enfrenta el capitalismo contemporáneo.

La Internacional Socialista y su irrelevancia contemporánea

Simões lamenta la irrelevancia actual de la IS y su incapacidad para adaptarse a los nuevos tiempos. Sin embargo, no ofrece una crítica sustancial de por qué esta organización ha fracasado. La IS ha perdido relevancia porque su proyecto político está obsoleto. La estrategia de la socialdemocracia, basada en la negociación dentro de los marcos del capitalismo, es incapaz de enfrentar las crisis sistémicas del siglo XXI: la crisis ecológica, la precarización laboral global y la creciente concentración de la riqueza.

El enfoque de la IS, centrado en una visión eurocéntrica y en políticas de conciliación, ignora las dinámicas globales de explotación y dominación. Por ejemplo, mientras Simões alaba el papel de la IS en procesos de paz y democratización en América Latina y África, no menciona cómo el capitalismo global, impulsado por las mismas potencias socialdemócratas, ha continuado explotando y desestabilizando estas regiones.

El fragmento aborda la pérdida de relevancia de la Internacional Socialista (IS) y su incapacidad para adaptarse a los desafíos contemporáneos, señalando la obsolescencia de su proyecto político y sus estrategias socialdemócratas. Simões destaca el papel de la IS en procesos de paz y democratización, pero omite el impacto negativo del capitalismo global en las regiones mencionadas.

Una crítica sustancial podría profundizar en los siguientes puntos:

1. Obsolescencia del Proyecto Político: La estrategia de la socialdemocracia, basada en la negociación dentro de los marcos capitalistas, ha demostrado ser insuficiente para abordar las crisis sistémicas del siglo XXI. Estas incluyen la crisis ecológica, la precarización laboral global y la creciente concentración de la riqueza. La insistencia en políticas de conciliación y reforma moderada ha llevado a la IS a ser percibida como cómplice de las estructuras que perpetúan estas crisis, en lugar de ofrecer soluciones radicales y transformadoras.

2. Eurocentrismo y Falta de Inclusividad Global: La visión eurocéntrica de la IS limita su capacidad para comprender y enfrentar las dinámicas globales de explotación y dominación. Al centrarse en modelos y experiencias europeas, ignora las realidades y necesidades específicas de otras regiones, especialmente aquellas más afectadas por el capitalismo global. Esta desconexión contribuye a su irrelevancia en un mundo cada vez más interconectado y diverso.

3. Complicidad en la Explotación Global: A pesar de los elogios de Simões sobre el papel de la IS en la democratización y los procesos de paz, es esencial reconocer cómo las mismas potencias socialdemócratas han sido partícipes en la explotación y desestabilización de regiones como América Latina y África. La dualidad de promover la paz mientras se beneficia del capitalismo global resalta una incoherencia fundamental en su proyecto político.

Necesidad de un Movimiento Internacionalista Mundial

Para enfrentar eficazmente las crisis actuales y futuras, se requiere un movimiento internacionalista que agrupe a fuerzas verdaderamente transformadoras. Movimientos y partidos como Podemos en España, el Bloco de Esquerda en Portugal, el Nuevo Frente Popular y la Francia Insumisa representan alternativas viables debido a:

1. Enfoque en la Justicia Social y Económica: Estos movimientos proponen políticas que van más allá de la mera conciliación, buscando transformar las estructuras económicas y sociales para promover una distribución más equitativa de la riqueza y el poder.

2. Compromiso con la Sostenibilidad Ecológica: La crisis ecológica es una prioridad central para estos movimientos, que promueven políticas radicales para enfrentar el cambio climático y proteger el medio ambiente, reconociendo la interconexión entre justicia social y sostenibilidad ecológica.

3. Solidaridad Internacionalista: A diferencia de la IS, estos movimientos enfatizan la solidaridad global y el apoyo mutuo entre pueblos y naciones, comprendiendo que las luchas locales están intrínsecamente ligadas a las dinámicas globales de poder y explotación.

4. Inclusividad y Diversidad: Representan un enfoque más inclusivo y diverso, considerando las realidades y necesidades de las diferentes regiones del mundo. Esto les permite desarrollar políticas y estrategias más adaptadas y efectivas para enfrentar los desafíos globales.

Para superar la irrelevancia de la IS y enfrentar los desafíos del siglo XXI, es necesario un movimiento internacionalista que combine la lucha por la justicia social y económica, la sostenibilidad ecológica, la solidaridad global y la inclusividad. Movimientos como Podemos, el Bloco de Esquerda, el Nuevo Frente Popular y la Francia Insumisa están en una posición privilegiada para liderar este cambio transformador.

La agenda neoliberal de los socialdemócratas

La crítica más contundente al texto de Simões es que no reconoce cómo la socialdemocracia se ha convertido en un vehículo para la implementación de políticas neoliberales. La «Tercera Vía» promovida por líderes como Tony Blair y Gerhard Schröder marcó una capitulación completa ante el neoliberalismo. Bajo la apariencia de modernización, estos líderes implementaron privatizaciones, desregulaciones y recortes de bienestar que beneficiaron a las élites y perjudicaron a la clase trabajadora.

David Harvey, en su obra «A Brief History of Neoliberalism» [“Una Breve Historia del Neoliberalismo”], señala que el neoliberalismo ha sido «un proyecto político para reestablecer las condiciones para la acumulación de capital y restaurar el poder de las élites económicas». La socialdemocracia, en su intento de mantener la relevancia electoral, adoptó esta agenda, traicionando sus principios fundacionales y alienando a su base.

La alternativa marxista: revolución, no reformas

La respuesta a la crisis actual no puede ser encontrada en la renovación de la socialdemocracia, como sugiere Simões. La única alternativa viable es una ruptura radical con el sistema capitalista. La lucha por el socialismo no puede limitarse a reformas dentro del marco del capitalismo; debe implicar una transformación fundamental de las relaciones de producción y una transferencia del poder de las manos de las élites económicas a las de la clase trabajadora y sectores populares.

Rosa Luxemburgo argumentó que «la elección histórica que enfrenta la humanidad es entre socialismo y barbarie». Esta afirmación es más relevante que nunca. La crisis ecológica, la creciente desigualdad y la amenaza del autoritarismo son manifestaciones de la barbarie del capitalismo. Solo un proyecto socialista revolucionario, que aborde las raíces estructurales de estas crisis, puede ofrecer una salida viable.

Conclusión

El texto de Ascenso Simões, con su enfoque reformista y sistémico, no logra enfrentar las realidades de la lucha de clases en el mundo contemporáneo. La socialdemocracia ha demostrado ser incapaz de ofrecer soluciones a las crisis del capitalismo y ha traicionado a la clase trabajadora al adoptar políticas neoliberales. En lugar de intentar resucitar una Internacional Socialista que ha perdido su rumbo, necesitamos un movimiento revolucionario que luche por una transformación radical del sistema.

La lucha por el socialismo no puede ser una lucha por reformas dentro del capitalismo; debe ser una lucha por la emancipación completa de la clase trabajadora y por la construcción de una sociedad verdaderamente justa y equitativa. La historia nos muestra que los cambios fundamentales nunca han sido concedidos por las élites; siempre han sido conquistados por la lucha de los oprimidos. Es hora de que retomemos esta lucha con la claridad y la determinación necesarias para enfrentar los desafíos del siglo XXI.

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