Todas las opiniones importan

La superficialidad del «Deportista Ciudadano»: Una Crítica a la Vacuidad de Javier Cercas

Javier Cercas, en su artículo titulado «No son extraterrestres” y publicado en El País Semanal del pasado domingo 4 de agosto, se embarca en una defensa tan superficial como desinformada sobre la participación política de los deportistas. Su argumento, aunque en apariencia bien intencionado, es un claro ejemplo de cómo la retórica vacía y la falta de rigor pueden ocultar una falta de sustancia. Cercas pretende elevar el debate sobre la política en el ámbito deportivo a un plano de profundidad e importancia que claramente no posee. Este intento fallido no solo desinforma, sino que trivializa cuestiones importantes sobre la participación política y el papel de las ciudadanas y ciudadanos en una democracia. A continuación, desmenuzaremos los errores fundamentales en la argumentación de Cercas, demostrando que su artículo no es más que un bodrio de palabrería hueca y falacias ideológicas.

Primero, Cercas comete el error de igualar a los deportistas con el resto de las ciudadanas y ciudadanos, sugiriendo que su influencia en la política es similar a la de cualquier otra persona. Este argumento es ingenuo y descontextualizado. Los deportistas, especialmente aquellos de élite como Kylian Mbappé, poseen una plataforma de influencia que excede con creces la de un ciudadano promedio. La popularidad y el alcance mediático que tienen no son comparables a los de un político de bajo perfil o un académico. Esta diferencia es fundamental porque amplifica sus mensajes, para bien o para mal, de manera desproporcionada. Cuando Cercas intenta minimizar este aspecto diciendo que los errores de los deportistas pueden ser tan perjudiciales como los de cualquier político, ignora que el impacto de sus declaraciones se multiplica exponencialmente por su visibilidad. Esta diferencia no es trivial; es fundamental para entender el papel real que juegan en la arena pública.

Cercas también intenta descalificar las preocupaciones sobre la falta de información de los deportistas al sugerir que todos los profesionales se equivocan en sus opiniones. Sin embargo, esto no es una defensa válida de la participación política de los deportistas. La capacidad para opinar sobre política con conocimiento de causa requiere un grado de comprensión y análisis que, en muchos casos, no está al alcance de quienes están dedicados principalmente a sus carreras deportivas. La comparación entre deportistas y otros profesionales como politólogos o periodistas no es justa ni pertinente. Los politólogos y periodistas están entrenados para entender y analizar la política, mientras que muchos deportistas no tienen la preparación necesaria para ofrecer opiniones informadas. Este punto no es menor; al contrario, es central en la discusión sobre la calidad y el impacto de sus intervenciones.

Otro aspecto esencial que Cercas ignora es la dinámica del poder y la responsabilidad que implica tener una plataforma de influencia. La idea de que los deportistas deberían opinar sobre política simplemente porque «no deben ser tratados como extraterrestres» es un argumento trivial. La verdadera cuestión es la responsabilidad que conlleva usar una plataforma poderosa. El derecho a expresar opiniones políticas debe ir acompañado de un compromiso con la calidad y la precisión de esas opiniones. La influencia no justifica la falta de responsabilidad en el discurso; al contrario, debería exigir un mayor grado de compromiso con el conocimiento y la verdad. En lugar de abordar esta cuestión, Cercas opta por una generalización superficial que ignora la complejidad de la influencia mediática y su impacto en la sociedad. Es evidente que la opinión de un futbolista es tan válida como la de un minero, agricultor, pastor, marinero o barrendero y ello se basa en la igualdad democrática fundamental de que todas las voces tienen derecho a ser escuchadas. Sin embargo, hay matices importantes a considerar. En una democracia, cada ciudadana o ciudadano tiene el derecho de expresar sus opiniones, independientemente de su ocupación. La igualdad de derechos es esencial para el funcionamiento de un sistema democrático inclusivo. Por lo tanto, desde un punto de vista democrático básico, la opinión de un futbolista es tan válida como la de cualquier otra persona. Sin embargo, la relevancia y el impacto de las opiniones pueden variar en función del contexto y del conocimiento especializado. Por ejemplo, un agricultor puede tener una perspectiva valiosa sobre cuestiones agrícolas que un futbolista, sin experiencia en ese campo, no tendría. Del mismo modo, un futbolista tiene un alcance mediático significativo que puede amplificar sus opiniones, lo que le da una plataforma más grande para influir en el debate público. Por tanto, aunque es cierto que todas las opiniones tienen el mismo valor intrínseco en una democracia, el impacto y la relevancia pueden diferir según el contexto y la experiencia de cada individuo. La clave está en asegurar que todas las voces sean escuchadas y respetadas, al tiempo que se valora el conocimiento y la experiencia específicos que cada persona aporta al debate.

Cercas también presenta una visión idealista de la política como un ámbito que debe ser universalmente accesible, lo cual es cierto en principio, pero ingenuo en la práctica. En un mundo ideal, todos los ciudadanos y ciudadanas, independientemente de su ocupación, tendrían la capacidad de contribuir con opiniones bien fundamentadas. Sin embargo, en la realidad, el conocimiento especializado y la capacidad de entender la política en toda su complejidad son necesarios para tener un impacto positivo. La participación de los deportistas en debates políticos no debería ser vista como una simple extensión de su rol público, sino como una actividad que requiere preparación y responsabilidad. Al no reconocer esta dimensión, Cercas reduce la política a una serie de afirmaciones simplistas que no reflejan la complejidad del debate político real.

La idea de que una mayor participación de los deportistas en política garantizaría sociedades más democráticas es una falacia. La democracia no se fortalece simplemente porque más personas opinen sobre política; se fortalece a través de un debate informado y de la participación de ciudadanas y ciudadanos que comprendan los problemas en profundidad. La participación política de personas influyentes sin el debido contexto y conocimiento puede, de hecho, perjudicar la calidad del debate democrático. El simple hecho de hablar no equivale a contribuir positivamente; lo que cuenta es el contenido y la calidad de las intervenciones.

Además, Cercas parece ignorar el impacto real que los deportistas tienen cuando hacen declaraciones políticas. No se trata simplemente de un derecho al voto o de una opinión personal; se trata de cómo sus mensajes pueden influir en la opinión pública y en el debate político. La influencia de las figuras públicas en la política puede ser tanto positiva como negativa, y el hecho de que Cercas no reconozca la diferencia es una grave omisión. La participación de los deportistas en política no debe ser vista como una simple extensión de su rol como celebridades, sino como un fenómeno que requiere un análisis crítico y responsable.

Cercas hace un llamado a la participación universal en la política, pero su argumento se queda corto al no considerar la necesidad de un debate informado y responsable. La política es, sin duda, un ámbito que debe ser accesible a todas las personas, pero también debe ser entendida y abordada con seriedad. La inclusión de los deportistas en el debate político, lejos de ser una solución mágica para una democracia más saludable, requiere un enfoque que garantice la calidad y la responsabilidad en el discurso.

En definitiva, el artículo de Javier Cercas no solo falla en ofrecer una defensa sólida de la participación política de los deportistas, sino que también peca de una comprensión superficial de la política y la influencia mediática. Su argumento es una mezcla de idealismo ingenuo y falta de rigor, que trivializa la complejidad del debate político y la responsabilidad que conlleva. Lejos de contribuir a una discusión constructiva, Cercas nos ofrece un bodrio de retórica vacía que no hace justicia a la importancia del tema. Es imperativo que la discusión sobre la participación de los deportistas en política se enfoque en la responsabilidad, el conocimiento y la calidad del debate, en lugar de en la simpleza y la superficialidad que Cercas nos presenta. Además, el valor de la opinión de un minero, albañil, marinero, pastor, agricultor o barrendero es tan válido como el de un futbolista, o quizás más, dado que sus trabajos y experiencias vitales les enseñan a defender los intereses de la clase trabajadora y la mayoría social, mientras que los futbolistas a menudo pertenecen a una élite que puede tener una perspectiva más alejada de las realidades cotidianas de la mayoría.

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