Envejecimiento y Salud: El Reto Inaplazable del Sistema Sanitario

El envejecimiento de la población española, y en particular la gallega, es un fenómeno que se ha acelerado en las últimas décadas, presentando desafíos cada vez más complejos para nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS) y también para el Servizo Galego de Saúde (SERGAS). Este proceso, que en otras épocas se hubiera considerado un éxito de la sociedad moderna, ahora enfrenta a nuestro país con una realidad que nos obliga a replantear de manera urgente el modelo sanitario y social vigente. En este contexto, se hace imprescindible desarrollar estrategias inteligentes y bien planificadas para evitar la saturación de camas hospitalarias y garantizar una atención digna y eficiente a nuestros mayores y al resto de la población.

La longevidad, que es sin duda un logro de nuestra civilización, ha provocado una paradoja difícil de gestionar: mientras más vivimos, más complejas y prolongadas se vuelven las necesidades de salud y cuidados. En Galicia, una de las comunidades autónomas con mayor porcentaje de personas mayores en España, la situación es especialmente crítica. El envejecimiento poblacional  no solo tiene consecuencias demográficas, sino también económicas, sociales y, por supuesto, sanitarias. Con una tasa de natalidad que sigue en declive y una esperanza de vida que no deja de aumentar, el equilibrio del sistema sanitario se encuentra en una encrucijada.

El aumento de la demanda sanitaria, principalmente en el segmento de personas mayores, ha evidenciado las deficiencias de un sistema que no ha sido capaz de adaptarse a los nuevos tiempos. La saturación de camas hospitalarias es solo la punta del iceberg de un problema mucho más profundo, que radica en la falta de previsión y en la ineficiencia del sistema a la hora de gestionar la atención a las personas mayores. No es suficiente contar con más hospitales o más camas; es necesario cambiar de paradigma y adoptar un enfoque integral que aborde de manera eficiente las necesidades de una población cada vez más envejecida.

Uno de los principales desafíos es la escasez de geriatras en nuestro país. Estos especialistas son fundamentales para ofrecer una atención adecuada a las personas mayores, cuyo estado de salud suele estar marcado por la multimorbilidad, es decir, la presencia simultánea de varias enfermedades crónicas. Sin embargo, el número de geriatras es insuficiente para cubrir la creciente demanda, lo que resulta en una atención fragmentada e ineficaz. La geriatría debe ser una prioridad en la formación médica, y es urgente fomentar la especialización en este campo, no solo en las grandes ciudades, sino también en áreas rurales y semiurbanas, donde la población envejece de manera acelerada y el acceso a especialistas es aún más limitado.

Pero la solución no pasa únicamente por aumentar el número de geriatras. Es necesario replantear todo el sistema de cuidados para las personas mayores, empezando por el desarrollo de una red bien planificada de centros residenciales. Estos centros deben estar diseñados no solo para alojar a los mayores, sino para ofrecer una atención integral que combine el cuidado médico con actividades que fomenten su bienestar físico y mental. La atención residencial debe ser entendida como un espacio de vida y no como un simple aparcamiento de personas mayores que no tienen otro lugar a donde ir. Esto requiere una planificación cuidadosa que contemple la proximidad a los núcleos urbanos y una dotación adecuada de recursos humanos y materiales.

Además de los centros residenciales, es vital impulsar los centros de día, que permiten a las personas mayores mantenerse en su entorno familiar mientras reciben la atención y los cuidados necesarios durante el día. Estos centros no solo alivian la carga sobre los hospitales y las residencias, sino que también ofrecen un respiro a las familias que cuidan a sus mayores en casa. Un sistema eficiente de centros de día puede prevenir el ingreso hospitalario innecesario y mejorar significativamente la calidad de vida de los mayores.

Otra pieza clave en este engranaje es la atención domiciliaria, que debe ser fortalecida y ampliada para llegar a todos aquellos que lo necesiten. La atención domiciliaria es una opción que permite a las personas mayores recibir cuidados en la comodidad de su hogar, rodeadas de sus seres queridos y en un entorno que les resulta familiar. Sin embargo, para que esta opción sea realmente efectiva, es necesario que el personal sanitario esté bien formado y que se disponga de los recursos suficientes para ofrecer un servicio de calidad. Esto incluye desde la provisión de materiales médicos hasta la coordinación entre diferentes niveles asistenciales, como el médico de cabecera, el especialista y el trabajador social.

En este sentido, el hospital de día y el hospital a domicilio son alternativas que deben ser potenciadas. El hospital de día permite a los pacientes recibir tratamientos complejos que requieren supervisión médica, pero sin la necesidad de una hospitalización prolongada, mientras que el hospital a domicilio ofrece la posibilidad de trasladar ciertos servicios hospitalarios al hogar del paciente, evitando así la saturación de camas y reduciendo los riesgos asociados a las hospitalizaciones prolongadas, como las infecciones nosocomiales. Estas modalidades de atención requieren de una infraestructura adecuada y de un equipo multidisciplinar que trabaje de manera coordinada, pero pueden ofrecer una respuesta efectiva a las necesidades de una población envejecida.

No podemos hablar de atención a las personas mayores sin mencionar la importancia de una red de cuidados paliativos bien estructurada y accesible para todos. Los cuidados paliativos son esenciales para garantizar una atención digna y humanizada a aquellos que se encuentran en la fase final de la vida. Sin embargo, en muchos territorios de España, los cuidados paliativos son insuficientes o inexistentes, lo que deja a las personas y a sus familias en una situación de vulnerabilidad extrema. Es necesario que el Estado invierta en la formación de profesionales en cuidados paliativos y en la creación de unidades específicas dentro de los hospitales y en la atención domiciliaria. Los cuidados paliativos no deben ser un privilegio, sino un derecho de todas las ciudadanas y ciudadanos.

La congestión de camas hospitalarias no es solo un problema de infraestructura, sino de enfoque. El envejecimiento de la población requiere de un cambio de mentalidad en la gestión sanitaria, pasando de un modelo centrado en la enfermedad a un modelo centrado en la persona. Esto implica no solo tratar las enfermedades de los mayores, sino también prevenirlas y gestionar de manera eficiente los recursos disponibles. La atención primaria juega un papel fundamental en este sentido, ya que es el primer contacto de los mayores con el sistema de salud y puede actuar como filtro para evitar ingresos hospitalarios innecesarios. Sin embargo, la atención primaria en España, y en Galicia en particular, está saturada y subfinanciada, lo que limita su capacidad para ofrecer una atención preventiva y continuada.

Es esencial que se desarrollen políticas públicas que promuevan un envejecimiento activo y saludable, y que se fomente la participación de las personas mayores en la sociedad. La soledad y el aislamiento son problemas graves que afectan a muchos mayores y que pueden tener consecuencias devastadoras para su salud. La creación de redes comunitarias (que resultaron tan eficaces en la pandemia de COVID-19), la promoción de actividades intergeneracionales y el apoyo a las familias que cuidan a sus mayores son estrategias que pueden contribuir a mejorar la calidad de vida de este segmento de la población y, al mismo tiempo, aliviar la presión sobre el sistema sanitario.

El desafío del envejecimiento de la población no es exclusivo de España; es un fenómeno global que afecta a muchas sociedades avanzadas. Sin embargo, la forma en que abordamos este desafío será determinante para el futuro de nuestro sistema sanitario y, por ende, de nuestra sociedad. No podemos permitirnos seguir postergando las decisiones difíciles, ni seguir aplicando soluciones parche que solo agravan el problema a largo plazo. Es necesario un pacto social y político que ponga en el centro a las personas mayores y que garantice que puedan vivir sus últimos años con dignidad, seguridad y la mejor atención sanitaria posible.

Este pacto debe incluir a todos los actores implicados: el Estado, las comunidades autónomas,  los ayuntamientos, los profesionales sanitarios, las familias y, por supuesto, usuarios y personas mayores. Solo con una visión compartida y un compromiso real podremos construir un sistema que esté a la altura de las necesidades del siglo XXI. La salud no es un gasto, es una inversión en el bienestar de todos y, por lo tanto, debe ser tratada con la seriedad y la urgencia que merece.

En definitiva, el envejecimiento de la población gallega y española es un reto ineludible que requiere de estrategias inteligentes y bien planificadas para evitar la saturación de camas hospitalarias y garantizar una atención eficiente y digna a las personas mayores y al resto de la población. Esto pasa por aumentar el número de geriatras, desarrollar una red integral de centros residenciales, centros de día, atención domiciliaria y cuidados paliativos, y por replantear todo el sistema de cuidados en torno a un enfoque centrado en la persona. Solo así podremos asegurar un futuro en el que todos podamos envejecer con la tranquilidad de saber que seremos bien atendidos cuando más lo necesitemos.

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