¡Paremos el genocidio!

¡Basta de genocidio! La humanidad no puede seguir siendo cómplice

Palestina sangra. Tierra de olivos milenarios, sus campos, ciudades y aldeas están siendo asolados, no solo por el rugido de las armas, sino también por el cruel e implacable silencio de un mundo que observa desde lejos, que condena con palabras vacías y que, con su inacción, permite que la maquinaria genocida del Estado sionista de Israel continúe su despiadada labor de exterminio. Los crímenes de los colonos israelíes, cobijados bajo el ala protectora de un ejército ocupante, no son hechos aislados, ni respuestas a la operación de resistencia «Al-Aqsa Flood». Son, más bien, la continuación de un plan sistemático de limpieza étnica que ha perdurado por décadas, un plan cuyo objetivo es claro: la erradicación o exterminación del pueblo palestino.

La ocupación israelí en Cisjordania no solo se ha limitado a la ocupación militar de tierras; se ha convertido en un experimento de horror en donde los derechos humanos más básicos son pisoteados diariamente. Los colonos, armados hasta los dientes, patrullan las calles con impunidad, sabiendo que cuentan con la complicidad de un Estado que ha legalizado la violencia y la expropiación de tierras palestinas. Desde los asentamientos ilegales, esparcen el terror en cada rincón de Palestina. No olvidamos el cruel asesinato de Mohammed Abu Khdeir, secuestrado y quemado vivo en 2014, ni la trágica muerte del pequeño Ali Dawabsha, de tan solo 18 meses, cuando su casa fue incendiada por colonos en Duma. ¿Cómo olvidar el infierno de Huwara, cuando en febrero de 2023 los colonos incendiaron todo a su paso, mientras el ejército se mantenía como un espectador cómplice? Estos no son eventos aislados; son la manifestación de una ideología supremacista que ha convertido el racismo en ley, y la colonización, en una política de Estado.

La comunidad internacional, las Naciones Unidas, la Unión Europea, e incluso algunas voces en Occidente, han expresado su condena. Pero sus palabras, por más solemnes que suenen, no han logrado detener el sufrimiento palestino. Es más, mientras se suceden estas tibias condenas, las hordas de colonos intensifican sus ataques, y el Estado israelí, bajo la dirección de figuras fascistas y racistas, expande los asentamientos y legaliza el robo de tierras palestinas. Lo que estamos presenciando es una continuación de las masacres de 1948, cuando las milicias sionistas ejecutaron atrocidades para expulsar a cientos de miles de palestinos de sus hogares. Hoy, la historia se repite con la misma violencia, pero ante los ojos de un mundo que se enorgullece de ser defensor de los derechos humanos.

¿Cómo explicar, entonces, esta indiferencia global? Mientras los gobiernos de Occidente vociferan en defensa de la democracia, su ceguera moral ante los crímenes del apartheid israelí es abrumadora. Consideran los actos de los colonos como «violencia», pero los presentan como meros incidentes en el caos de un conflicto sin fin, en vez de lo que son: crímenes de guerra, actos de terrorismo que buscan despojar a todo un pueblo de su tierra, su cultura y su derecho a existir. ¿Es esta la justicia que pregonan? ¿Dónde está el clamor por la libertad y la dignidad humana cuando se trata del pueblo palestino?

Mientras tanto, los líderes israelíes, lejos de intentar frenar la barbarie, alimentan el fuego. Figuras como Smotrich y Ben-Gvir no solo incitan abiertamente la expansión de los asentamientos, sino que promueven la eliminación física de los palestinos. Ben-Gvir, en su grotesca visión de «seguridad», ha llamado a un despliegue militar masivo para acabar con miles de palestinos, mientras Smotrich trama la anexión completa de Cisjordania, borrando cualquier posibilidad de un futuro Estado palestino. Estos líderes no ocultan sus intenciones: desean expulsar al mayor número posible de palestinos, erradicando su presencia de la faz de la tierra. 

Y mientras el mundo titubea, el ejército israelí sigue con su letal doble juego: bombardea Gaza con impunidad, matando indiscriminadamente a civiles, y en Cisjordania, refuerza a los colonos con armas y recursos, convirtiendo los pueblos palestinos en campos de batalla. Desde el 7 de octubre, los ataques de los colonos se han disparado: más de 300 incidentes de violencia documentados, que incluyen disparos a civiles, incendios de casas y campos, bloqueos de caminos y la destrucción de cultivos. El objetivo es claro: arrancar de raíz la vida palestina, destruir sus medios de subsistencia, y sembrar el miedo hasta que no quede otra opción que el éxodo.

Ante esta realidad, el llamado es ineludible. No podemos seguir siendo cómplices pasivos del genocidio en curso. Cada acto de brutalidad contra el pueblo palestino es un grito de auxilio que exige una respuesta global, una movilización masiva que obligue a los gobiernos a actuar, que rompa el ciclo de hipocresía y complacencia. No podemos aceptar las tibias sanciones contra unos cuantos colonos como una solución. No podemos aceptar que el apartheid israelí continúe destruyendo un pueblo mientras las naciones que se proclaman defensoras de los derechos humanos se limitan a emitir comunicados vacíos. Es hora de que las masas se levanten, de que el mundo entero se movilice en defensa del pueblo palestino, de que, como humanidad, exijamos un fin inmediato a esta ocupación criminal.

La historia juzgará a aquellos que permanecieron en silencio. No podemos permitir que el sufrimiento palestino siga siendo una nota al pie de página en los libros de historia. Debemos exigir justicia ahora. Y para ello, debemos armar al pueblo palestino, no solo con palabras de solidaridad, sino con acciones concretas que fortalezcan su resistencia y su derecho a defender su tierra. No pedimos más violencia, sino la justa defensa de un pueblo que ha sido despojado de todo, menos de su dignidad. El pueblo palestino tiene derecho a resistir, tiene derecho a luchar contra el terror que día a día le impone el Estado sionista de Israel y sus colonos.

La lucha del pueblo palestino es la lucha de todos los pueblos oprimidos del mundo. Es un clamor por justicia, por libertad y por dignidad. No podemos seguir ignorando su dolor, no podemos seguir permitiendo que la impunidad prevalezca. Si no actuamos ahora, seremos cómplices del genocidio que se está perpetrando en plena luz del día. Ha llegado el momento de alzar la voz y de tomar partido, porque la causa palestina es la causa de toda la humanidad.

¡Desde el Río hasta el Mar Palestina Vencerá!

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